Milonga de Amor…

-Cierra los ojos. Imagina lo que te digo, escúchalo, déjate llevar, pero sobre todo siéntelo. Y así, justamente así es lo nuestro, una milonga de amor-

Azul Cobalto

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Te equivocas…

Te equivocas amor

El mío no es un amor apacible ni dulce, mucho menos sosegado

El mío es un amor erizado, enmarañado, enardecido, a ratos encolerizado

Que sigue tus pasos


Este amor

Es a tus manos o mejor dicho las llaves que me abren a diario

Es al cobijo nocturno de tu abrazo

Es a la quietud que habita en tu pecho


Lo siento amor

Ni dulce ni tierna cuando estoy a tu lado

Ni castillos o hadas revoloteando mi palacio

Tampoco asechan brujas con rojísimas manzanas


Mi amor

Es una bestia delirante, enloquecida y afiebrada

Sin otro origen que tu cuerpo, sin otro eje que tu sexo

Sin otro cielo que tu mirada


Amor

Mi amor, no le temas a mis labios, que no te amedrenten mis manos

No rehúyas de la tibia punta de mi lengua recorriendo tu espalda

Serénate en el mar que apacible te aguarda entre mis piernas


Mío

Eres mío

Lo proclamo a los cuatro vientos

A la próxima Luna Llena

A las horas que le restan al día

A la Mariposa Monarca que sobrevoló mi casa esta mañana


Mío

Eres mío

Y si piensas que este amor es para la eternidad

Te equivocas amor

Lo siento amor

Mi amor

Amor

Mío

Hoy he vuelto a hablar de ti…


Hoy he vuelto hablar de ti y de la sombra que soy cuando no estas a mi lado

hablar del vacío

de horas aletargadas como trago de vinagre o alquitrán

De los espacios que se van quedando solos, mudos, de esta tú ausencia y la mía

hablar de ti que es como hablar de mí

y me digo

nos decimos las frases más dulces que dos personas pronuncian en la distancia

Habló el añil de tu mirada

y el pedazo de noche que dejaste en mi cuerpo

hoy como ayer hable de ti

y de la falta que me haces cuando estas a mi lado

de este hueco entre mis piernas que reclama

Hablaron mis ojos mis manos y mis labios de este abandono

lo hablo mi tiempo

mi rutina

mi cuerpo

y hasta mi casa

Hoy volví a hablar de ti

del Hombre que no sabes que eres

pero que he forjado en el recuerdo

templado del tiempo

Y llegamos al final de este día

retornamos a nuestra casa

tú lees noticias atrasadas

yo preparo algo de comer

te miro fijamente

me sonríes

dejamos a un lado las palabras

me tomas entre tus brazos

y la sombra que fui en tu ausencia traza caminos de luz en mi piel

para que puedas andar por horas.

Beatriz Ledezma Mariñez

Eugenia

Tendida sobre la cama Eugenia siente el peso caer sobre ella como si fuese una loza.

Respira

Respira

Respira

La mente se le ha puesto en blanco una tiara de sudor humedece su frente.

Jadea

Jadea

Jadea

Las hábiles manos la recorren, los dedos buscan, encuentran, hurgan, tocan, presionan, rozan, suave, fuerte, dentro, fuera.

Tensa las piernas, las separa, los puños cerrados, los ojos también.

Gotea

Gotea

Gotea

Siente su respiración cercana, húmeda, aterciopelada, aproximándose al desnudo pubis, escalando su vientre, acariciando los senos, palpando el cuello, lamiendo el lóbulo de su oreja.

Dentro

Dentro

Dentro

Escucha su voz como un eco, una lluvia primaveral, una hojarasca, el crispar del fuego.

y Eugenia

Respira

Jadea

y

Gotea

Cada que lo siente dentro…

Toxico

Inmóvil junto a la cama contemplo tu cuerpo desnudo, me aturdo con las formas, tu piel, los ángulos caprichosos, la línea recta de los hombros, las gloriosas curvas de tus nalgas perfectas. Sigo, no me detengo, mis ojos recorren, tocan, acarician, suben, bajan por tu espalda, los brazos, bajan aun mas por tus piernas, se detienen en las rodillas, en los muslos, las pantorrillas, los pies, ¡ah! los benditos pies…

De esta visión no hay escapatoria, no existe hartazgo, doy un paso y otro mas, mis manos toman tus talones, los acarician, dibujan historias en la planta de tus pies.

Clavo mis uñas en tus pantorrillas, dentro, fuera, tu respondes: quejidos suaves, acerco el calor de mi cuerpo a tus muslos firmes, un beso tibio de la punta de mis pezones recorre tus piernas, llega a la cintura y giras tu cuerpo…

Nos miramos de frente. -Hablo del veneno, esta droga que me intoxica, osea, tú.-

Mi rostro entre tus manos, lo acercas suavemente a tus labios, me lames apenas y la serpiente de tu lengua irrumpe en mi boca, en mi paladar…

Y caigo

caigo

caigo

al vacío de tu cintura

al túnel de la agonía

el abismo

y caigo

caigo

caigo

Y me aferro a ti, me pierdo en las ingles, el tibio sexo, en la mullida suavidad del Todo y mis labios, mis abultados, mis sedientos, mis hambrientos, mis ansiosos labios lo toman una y otra vez.

Y caemos

caemos

caemos

de la cama, al momento, al grito, en un sueño, al espasmo, de la Gracia…Caemos

Rendidos

Muertos

Y la adicta que soy yace a tu lado intoxicada de veneno y piel…


Él es el Hombre

 

Él es el Hombre. Se cruzo un día en mi camino y lo arrasó todo, lo enmaraño lo volcó, arrebato, mordió, lamió, torció y también Amo todo.

Él es el Hombre. Se metió primero en mis ojos, después en mi pensamiento, finalmente en el corazón. Más tarde se adueño de mi cuerpo, de mi casa y mi templo, de mis noches y mis días, de mis primaveras y otoños.

Él es el Hombre. Lo contemplo a mi lado, mis ojos lo ven como si fuera la primera vez, se deslumbran del hermoso tono de su piel, sus ojos, sus labios y su voz. Me aturdo al imaginar su cuerpo, ese cáliz del que tantas veces he bebido y beberé.

Él es el Hombre. El que fue parido para amarme a mi, el que nació aún contra todos los pronósticos, el mensajero de las buenas nuevas y también de las tragedias. El de los puños de fuego y flor, el de los besos arrebatados y húmedos, el de manos perfectas.

Él es el Hombre. El dueño de mi imaginación y mis emociones, el amo de mis sentidos y el bombeo de mi corazón, la batalla y la tregua, el acomodo perfecto de mi deseo, el Todo con el que señalo al placer.

Él es el Hombre. Y cuando vuelve derrotado por la vida, se mete entre mis brazos y hunde su rostro entre mis senos y lo arropo como si fuera el hijo que no le he dado, y acaricio su rostro y besos sus ojos cansados, su frente abrumada y dejamos que sea el silencio quién dialogue.

Él es el Hombre. Y sale a la calle todos los días, enfrenta la vida y sus vicisitudes a solas y regresa a mi lado cuando todo esta resulto, y el cree que no me doy cuenta lo que le pesa ser el Hombre que yo espero que sea.

Entonces…

Yo soy la Mujer. La orilla a la que él siempre regresa y es mi cuerpo su guarida y son mis noches sus días, mis ojos sus ventanas al mundo.

Yo soy la Mujer. Con la que él se topo una tarde, a la que amo una noche, a la que dejo una madrugada, con la que comparte un mediodía, con la que escribe mañanas.

Yo soy la Mujer. A la que él ha lastimado, a la que se aferra mientras duerme, la que lleva tatuada en la piel, el hueco en su costado, su confidente, su Amada.

Yo soy la Mujer.

Y

Él es el Hombre.

Y juntos hemos caminado por la quijada del dolor, por las alas del abandono, por el soplo de la ira, por las fauces rabiosas de los celos y nos hemos consumido con el fuego del amor.

Y otra primavera nos ha alcanzado y bebemos té en el jardín y nos despedimos poco a poco de los recuerdos y él cree que se puede empezar, y mientras habla el cobalto de sus ojos humedece mi cuerpo y guardo silencio y bebó un poco más y reflexiono aun más.

Y me digo lo que ya sé: Él es el Hombre…