Promesa

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Cuando cumplí tres años papá nos llevo a vivir a otra ciudad.

No a una casa, sino un departamento frío, de ventanas grandes.

Una noche llego con un perico que hablaba y comía chile.

Otra noche llego con un perro afgano sucio y hambriento.

Prometí guardarle el secreto.

Finalmente  llevo un gato.

Los ojos se me enrojecieron y comencé a estornudar.

Esa noche mamá descubrió un perico, un perro y al gato.

Fue así como él me prometió una casa de un jardín enorme lleno de animales.

Seis meses más tarde lo cumplió.

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