El Primer Amor…

¿Recuerdas la primera vez que nos vimos? Aquella tarde salía temprano del colegio, papá me había invitado a comer al restaurante de comida Argentina que tanto le gustaba.

Me pregunto si me importaba que nos detuvieramos antes a hablar con una persona, alguien con quien estaba realizando un negocio. Le respondí que no.

 

Llegamos a tu oficina, él me pidió esperarlo unos minutos. Pero como siempre, en él los minutos no eran uno o dos y menos cuando se trataba de negocios, paso una hora y baje del automóvil en busca de un refresco.

 

En eso lo vi regresar, pero esta vez no venia solo, tú lo acompañabas, llegaron hasta donde estaba y él nos presento.

Tú me ofreciste la mano y me dijiste: mucho gusto, yo la tome y sentí en un solo apretón la fuerza de tus dedos.

Después de decirme que te sentías encantado de conocerme, comentaste que tu hija estudiaba en la misma escuela. Yo te regale una sonrisa y guarde silencio.

 

-Demetrio leeré el contrato y una vez firmado te lo hago llegar en unos días-

 

Me subí al automóvil y te mire por el espejo hasta que te convertiste en un punto diminuto, inmóvil, fijo, inolvidable.

Durante la comida me comento el tipo de negocio que estaban cerrando y fue también en esa comida que me entere que muy pronto te volvería a ver.

 

A la semana volví a tu oficina, tu secretaria me anuncio y le pediste que me hiciera esperar un momento. Tome asiento en el mullido sillón de la sala de espera y me entretuve leyendo una revista. Después de unos minutos me indico que estabas listo para recibirme.

 

Todo el aplomo que venia practicando sirvió para muy poco cuando estuve frente a ti. Estabas parado tras el enorme escritorio de madera, pase tímidamente y con un ademán de tu mano me pediste que me acercara. Yo baje un poco la mirada y di unos pasos más hasta encontrarme frente a ti con tan solo el escritorio entre nosotros.

 

-¡Buenas tardes! Pero que grata sorpresa, pensé que no nos volveríamos a ver-

Sonreí y te entregue el sobre que llevaba, lo tomaste y sin mirarlo lo colocaste sobre el escritorio sin soltar mi mano. Un escalofrío recorrió mi cuerpo, un temblor desconocido irrumpió en mis ingles y una tibia humedad mojo mis juveniles bragas.

 

Esa tarde aprendí mi primera lección: a ti no había que bajarte la mirada.

 

Nos miramos a los ojos tomados de la mano, yo me perdí en el avellana de tu mirada y en la fuerza de tu mano. Y sin saber de donde vino ni como llego, te regale una sonrisa maliciosa que te puso a temblar.

 

Sin soltar tu mano camine los pasos que nos separaban, una vez frente a ti, te empuje con un movimiento suave y caíste asombrado sobre la mullida silla de piel, yo me recline sobre tu escritorio mientras leía algunos de los cambios que mi padre realizo al contrato, los leí pausadamente para que los escucharas y sin decir mas, te entregue la pluma con la que firmaste.

 

-¿Cuantos años tienes?- me preguntaste.

 

-16- respondí

 

Me tomaste de la cintura y me acercaste a ti, hundiste tu rostro a la altura de mi vientre, yo acaricie la hermosa forma de tu nuca. Y nos quedamos así, sin decir palabra, tu intoxicado en la infantil humedad de mi cuerpo, yo contemplando la fotografía de tu familia.

 

Después de esa tarde aparecías donde menos lo esperaba, cuando el chofer llegaba por mí al colegio y te conformabas con sonreírme de lejos, en el restaurante argentino que frecuentaba con mi padre, en el club donde nadaba por las tardes.

 

Y un domingo en misa.

 

Sentada en una de las últimas bancas mientras el sacerdote ofrecía la comunión, llegaste, te reclinaste detrás de mí, sentí tu respiración en mi nuca, después el roce de tus dedos retirando mi cabello hacia un lado, finalmente acariciaste mi cuello con tus tibios dedos.

Tu respiración iba tomando fuerza, yo deje caer mi cabeza hacia atrás hasta que mis labios rozaron tu oreja y te susurre al oído que me sacaras de allí.

 

Guiada por tu mano subí al automóvil, en silencio me llevaste a un condominio que tu familia no sabia que tenias, y fue allí, en el elevador, que te arrojaste sobre mi, que sentí el peso de tu cuerpo sofocando el mío, que tus enormes manos recorrieron con dolorosa desesperación mis caderas, fue allí, que tus labios cubrieron los míos en su totalidad y la poderosa cobra de tu lengua se enredo en la mía.

 

Y fue contigo que supe lo que dolía tener un Hombre dentro…

 

-¿Me vas a amar toda la vida?- escuche tu voz del otro lado del auricular.

 

-Si- te respondí

 

-¡Mientes! Llegara el día en que te de lastima y asco-

 

Yo sostuve el auricular con la mejilla y mi hombro para regalarte está imagen.

 

-Me estoy tocando, pienso en ti, en tus manos arrebatándome el uniforme, en tus labios besándome, tu lengua chupando mis pezones, y te acercas, me atraes a tu pecho desnudo y rozas mi pubis con la erección de tu enorme verga. Entonces, abro las piernas, soy un compás, y me tomas con tus manos y sostienes mis piernas en el aire, y miras mis calcetas blancas, mis zapatos negros de hebilla, y me dices que me vas a enseñar a amar un Hombre de verdad, yo jadeo , te suplico que no te detengas, que deseo sentirte, que quiero que me partas en dos, en tres, en cinco, en mil pedazos.

Y del otro lado escucho tu respiración agitada, entre cortada, lastimosa, y te susurro al oído que aun no termino, que me estoy reclinando sobre el escritorio para que me tomes por detrás y mas quejidos, hasta que te escucho gritar de satisfacción y tu voz se hace pausada, te quedas adormilado sin saber que decir.-

 

Y antes de colgar te confieso.

 

-Te amaré toda la vida-

 

Y nos amamos con la premura del tiempo, con la desesperación del momento con temor y culpa, pero nos amamos.

 

Y nos amamos e hiciste de mí una mujer al paso de los años y te regale los primeros poemas, los primeros cuentos y todos mis sueños.

 

Y nos amamos y conocí el mundo a través de tus ojos a tu lado bebí mi primer vino y aprendí amar el tango.

 

Y nos amamos y el tiempo fue implacable contigo y un día me regalaste la libertad para que volara y me devorara el mundo con mis propios ojos, y te suplique de rodillas, entre lloriqueos que no me dejaras, que no sabría vivir sin ti, que no volvería a amar a nadie como te amaba a ti.

 

Esa noche me diste el último beso, el más dulce, el más apasionado y me aseguraste que eras tú el que no volvería a amar a nadie como me amaste a mí.

 

Cuanta razón tenías. Y me devore al mundo, y me intoxique de tanto vivirlo y experimentarlo, fui y vine, subí y baje, me adentre en el mundo y salí de el.

 

Y bese a otros hombres, sentí el peso de sus cuerpos sobre el mío, más de una lengua me recorrió de pies a cabeza y todos se enfrentaron a tu recuerdo, y sí, ví varios amaneceres en otros brazos, y dije: te deseo en varios idiomas y me dijeron te amo en otros tantos.

 

Los años han pasado vuelvo después de muchos años a la misma iglesia, enfilo mis pasos justo en el momento de la consagración, un rayo de luz traspasa el vitral y una cascada multicolor ilumina el altar.

 

Encamino mis pasos lentamente sobre las enormes planchas de mármol, me abro paso entre los fieles prestos a comulgar, distingo la inconfundible línea de tus hombros y la amada nuca, y justo cuando tu mujer se incorpora para ir a recibir la eucaristía, me coloco detrás de ti, me hincó en el reclinatorio, cierro mis ojos y aspiro la inconfundible fragancia a maderas de tu loción y acerco mis labios húmedos y temblorosos al lánguido lóbulo de tu oreja y te susurro al oído…

 

-Te amaré toda la vida-

15 comentarios en “El Primer Amor…

  1. Gracias a ti por tus dulces palabras. Cuando termine el texto pense en ti, y me dije que ojala te gustara.

    Ahora que se que te gusto no sabes que alegria me da.

    Gracias por esperar pacientemente este tiempo que me tome de reposo literario, espero no equivocarme, pero creo este silencio -ademas- de necesario, me sirvio para recargar las pilas.

    Asi que vamos a ver a donde nos llevan las nuevas historias…

    bexos a ti y Viva Mexico!

  2. Hay días en que sólo tengo palabras para decir “Beatriz, ya leí tu texto y me encantó”, hoy es un día de esos.

    Aunque como siempre, disfrutaré más que comentemos todo esto en persona, con un café en las manos, en el downtown.

  3. Mi adorada y queridísima Beatrix:
    Te escribo cerca de la tierra de Efraín Bartolomé, llenandome de la sensualidad de la selva y descubro un delicioso cuento completamente urbano. Me desarmas.
    Aún paladeo goloso este relato, lo saboreo suavemente, es chocolate derretido en mi paladar.
    Te confieso que extrañaba tus letras, éstas letras, de relato vertiginoso, de orgasmo, de aromas y colores.
    Escribes no sólo un relato, me regalas en estas líneas decenas de ellos, y cada uno con un gusto diferente, pero todos deliciosos.
    No patentizaré mi afecto y cariño, los cuales los sabes más que refrendados, pero sí deseo enfatizar mi admiración, respeto y gusto de leerte.

    Sábete adorada por este humilde Lobo.

    Aullidos y besos para ti.

  4. Querido Juan,

    Muchas gracias por tus dulces palabras. Me alegra saberte por esta casa, sabes que siempre eres bienvenido!

    Que alegria saberte por tierras chiapanecas, sin duda, tierra de poetas…

    Ahora que andes allá, tomate un trago por mí y brinda por el gran Sabines y Efraín.

    besos,

  5. Por supuesto Adorada Beatrix, un pretexto más para recordarte, esperando que pronto te des una vuelta por acá.
    Desde la tierra de cacao, verdor, lagartos y conejos (Tuxtla) te envío un enorme aullido.

    Besos.

    P.S. Dado el desenfado de este otro comentario, deseo decir.
    Nabokov se queda corto.

  6. Maravilloso relato, caray, cuando entras en el campo del relato erotico resulta fascinante creeme…

    Como siempre, tu admirador no secreto,

    Saludos y muchos abrazos,

  7. Pensé que usted ya no leía este tipo de relatos, lo imagine en otro tipo de lecturas, pero me alegro de saber que no lo he perdido como lector.

    Muchas gracias por tus palabras, y por la visita.

    Saludos,

  8. Dificil dejar de ser un lector asiduo de sus letras -sin exageracion alguna creeme-…

    Al menos La Ahad Yemoot Min El Hub es una lectura obligada para deleitarse…

    Saludos,

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