Amor Libre

-¿Camilo Menéndez?-

-Si-

-Va tener que acompañarnos-

-¿A donde?-

El representante de la seguridad del Estado tomo a Camilo del brazo y salieron de la casa sin decir palabra. Corría un viento húmedo que meneaba las copas de los árboles de la avenida, la luz incandescente de la luna llena iluminaba la podredumbre en las aceras y el rancio olor del sudor de final de día impregnaba el ambiente.

Camilo subió al auto sin decir palabra, en silencio recorrieron las avenidas, pasaron frente al Palacio Presidencial hasta llegar al puerto. Aquello parecía un gran bochinche, cientos de reflectores iluminaban aquel patio central, Camilo calculo que por lo menos había unos mil quinientos hombres concentrados.

Se paro para mirar mejor y ver si lograba reconocer a alguien, pero todos los rostros eran iguales, mascaras de terror, frentes sudorosas y un gran griterío que se perdía en la nada. En eso se escucho una voz que se pronunciaba por medio de los altavoces.

-La Revolución que tanto ha costado a nuestro pueblo no sucumbirá ante conductas impropias, ni mucho menos dejaremos que como un cáncer infesten a las juventudes revolucionarias con sus ideas burguesas de mierda. La Revolución nos ha brindado libertad e igualdad, no hay cabida para las mentes torcidas ni envenenadas por el imperialismo. Las asambleas de juventudes revolucionarias comunistas han dispuesto darles una segunda oportunidad y creemos que solo el trabajo los hará hombres-

En varios camiones militares trasladaron a los hombres hasta la prisión conocida como La Hormiga, en la línea en que se encontraba formado Camilo reconoció al gran dramaturgo y orgullo nacional, quien hasta hacia unos meses había denunciado internacionalmente el acoso del que era objeto por medio de la seguridad del estado.

Esa noche contó los hombres en su celda de cuatro por cuatro metros: eran cuarenta y cinco y la mitad habían caído vencidos al suelo, agotados por la falta de agua y alimento, la mayoría además orinados por la falta de inodoros. Era la primera noche del verano Camilo supo que la pesadilla solo daba inicio.

-General, terminamos de revisar la casa del marica y le traje varias pruebas que lo inculpan de crímenes en contra de la revolución-

El General Carbajal de espaldas parado frente a la ventana fumaba un puro, había una enorme mancha de sudor estampada en la espalda de su camisa verde olivo. Las botas negras bien lustradas subían hasta la rodilla. De una de las bolsas del pantalón saco un pañuelo y seco el sudor de su frente y cuello, se giro sobre sus talones para examinar las evidencias.

-¿Y esto que coños es?-

-Los manuscritos de una novela, varios libros extranjeros, un jersey nuevo, una barra de chocolate americano y estos discos del maricón hijoeputa de Camilo Sesto-.

-Camarada traiga al preso para interrogarlo-

-Como usted ordene mi General-

Camilo escucho su nombre y se acerco a la reja, por un segundo cruzo por su mente la idea de que todo había sido una confusión y que lo dejaban en libertad. Camino en silencio un paso detrás del militar. Las celdas continuas estaban a reventar de presos, hombres con las caras desfiguradas por la angustia y el terror, en la isla todos lo sabían, lo peor que te podía ocurrir no era el hambre, ni la persecución, ni la falta de libertades, ni morir intentando huir, el verdadero terror se sembraba en las prisiones que el régimen había construido emulando a las que existían en Polonia y Checoslovaquia.

El militar toco la puerta y solicito permiso para entrar, le fue concedido. Presento al preso y se retiro cerrando la puerta tras el.

El General Carbajal sentado en su escritorio miro a Camilo a los ojos, se detuvo en el tono miel y en las largas y tupidas pestañas. Observo con detenimiento el rostro del joven los bien marcados pómulos y la quijada ovalada hasta detenerse en los labios gruesos y rosados.

Era un muchachito no mas alto que el de hombros rectos y brazos delgados, la espalda echada para atrás y la cabeza aun en alto mirándolo de frente. Tomo nuevamente el puro y lo encendió se levanto de su asiento y camino hacia el muchacho. Dio varias vueltas como si fuera un buitre sobrevolando la carroña se detuvo para observar las bien formadas nalgas.

Regreso a su silla y le ordeno quitarse la ropa. Camilo lo miro por unos segundos y se fue desabrochando la camisa y los pantalones. Hasta quedarse solo en calzoncillos, así que el General le repitió que se quitara toda la ropa. Camilo bajo la mirada y se quito la ultima prenda.

El General cruzo la pierna y le dio una bocanada al puro y exhalo lentamente la cortina de humo y sonrío maliciosamente. Nuevamente se encamino hacia él y se acerco aun más, casi hasta que su nariz rozara con la de Camilo.

Mirándolo a los ojos le dijo:

-No te vas a ir de aquí hasta que me digas las porquerías que te gusta que otro macho te haga-

El General Carbajal camino hacia un mueble donde había una consola, la abrió y entre risas y comentarios ofensivos coloco uno de los discos y subió el volumen. Dejo el puro sobre el cenicero y se fue desabrochando el cinturón y finalmente abrió la cremallera de su pantalón.

Camilo observo el tamaño enorme de aquel pene erecto, a sus diez ocho años solo soñaba con el amor de un hombre, Miguel, su vecino, con quien salía a pasear los domingos y terminaban siempre en el estanquillo de libros y revistas hablando de libros y sueños.

Fue a Miguel a quien le confeso su deseo de publicar su novela fuera de la isla, fue a Miguel a quien le confío que el no creía en la revolución, fue Miguel a quien le dijo con lagrimas en los ojos que el no era igual a los demás. Y ahora después de pensarlo, fue Miguel quien lo denuncio…

No supo que dolía mas, si la brutal embestida del General Carbajal o saberse traicionado, se aferro con firmeza del escritorio, dejo caer la espalda y la cabeza, mientras el cerdo aquel lo penetraba una y otra vez, entre insultos lo manoseaba, le lamia las nalgas y le acariciaba la espalda y parecía que nunca terminaría.

Camilo sintió todo el peso del General caer sobre su espalda y babearla, las piernas le temblaban, una mezcla de sangre y semen recorrió sus piernas, el cuarto dio vueltas y cayo desmayado.

Despertó desnudo en una de las celdas, el cuerpo le dolía no podía moverse, sentía que lo habían partido en dos.

Lloro amargamente en la oscuridad y recordó la sonrisa de Miguel aquella tarde cuando le llevo los regalos. Aquel jersey color amarillo para que cada que lo usara sintiera que era él quien lo abrazaba, una barra de chocolate que consiguió en el mercado negro y el último disco de Camilo Sesto donde venia la canción de Amor Libre que le dedico…

Todo, absolutamente todo estaba sobre el escritorio del General Carbajal, aun podía escuchar la melodía que ahogo el grito que se le escapo cuando Carbajal lo desgarro.

-¿Y esto?-

-Le traje un chocolate a la niña-

-¿Un chocolate yanqui?-

-No mujer esto es un intento del imperialismo de acabar con la revolución, de doblegarnos, infiltrándose através del consumismo enajenado, pero cuando la niña se lo coma al final va hacer mierda esto y eso, es lo que quiero que ella entienda, que nos cagamos en el imperialismo.-

Camilo dejo de sentir sus brazos y sus piernas, su cuerpo lo iba abandonado, no le pesaba, por el contrario se miraba parado junto a su cuerpo, se contemplo con ternura, miro los golpes en el antes hermoso rostro de pómulos definidos, el labio inferior partido en dos y con la herida aun abierta. Miro con lastima la hilera seca de sangre y semen entre sus piernas y se dio cuenta que ya no sentía ni dolor ni frío. Tampoco podía escuchar mas la melodía que lo atormento por cuarenta y cinco noches entre sus gritos desgarradores que nadie escucho.

El espíritu de Camilo dejo de ser una victima para convertirse en un sobreviviente de la revolución…

8 comentarios en “Amor Libre

  1. Hijole Bea, me has dejado con el pecho oprimido, la boca seca, la indignación en la boca del estómago, el asco que me da tumbos y al final, una apoteósis, donde una vez mas se demuestra que no importa lo que hagan con el cuerpo, siempre existe algo más allá que nadie te puede quitar.

  2. Tampoco podía escuchar mas la melodía que lo atormento por cuarenta y cinco noches entre sus gritos desgarradores que nadie escucho.

    Esta frase hizo que se me pusiera la piel chinita, que me dieran ganas de vomitar y me indignara hasta la médula.

    Bea, ¿cómo le haces para crear tanto nirvanas como infiernos? Fue un verdadero infierno leer este texto… si querías remover fibras profundas, pues te felicito: ¡Lo lograste!

  3. Gioconda,

    La verdad siempre supera la imaginacion, lamento mucho que el texto te pusiera mal. En esta historia, no hay ni moraleja ni final feliz, hay simplemente una realidad que vivien muchos, y casi siempre sin voz. Hoy salde una deuda con un Camilo en alguna parte del mundo.

    Te mando un beso enorme!

  4. Fab,

    Como lo hago? por las mañanas de 8 a 5 trabajo en las oficinas del infierno. Luego por las tardes trato lo mejor que puedo de sacuerdirme el horror e imagino lugares dulces y calidos.

    Como escritores Fab, tenemos muchas responsabilidades y remover fibras es una de ellas.

    Te mando un abrazo cariñoso!

  5. Eres espectacular!!, realmente eres especial!!, entraste en mi cabeza y me dejaste helada completamente, imágenes y más imágenes e indignación.

    Y recuerdos no muy gratos de un pasado inmediato que he tratado de olvidar.

    Lo logras muy bien, creo que por eso leo tu espacio sólo cuando no tengo prisa y puedo reflexionar lo que escribes, de lo contrario no sabe igual.

    Buen día

  6. 4Letras,

    Muchas gracias por tu palabras. Como bien sabes me encanta saberte por estos turbios rumbos, y que de alguna manera mi lectura provoque en ti “algo” de eso se trata no?

    Tenemos mucho camino aun por andar en esto de la tolerancia y el respeto a los demas. Pero sobre todo, nos damos cuenta con tristeza que aquellos que ejercen el poder siempre terminan abusando de el.

    El mundo esta lleno de Camilos de los cuales nadie sabe nada, y sin embargo tenemos generaciones enteras idolatrando a tiranos y dictadores bananeros como Carbajal…que ironia no crees?

    besos,

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