Misericordia

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-¿Como te llamas?-

-Misericordia-

-¿Con ese culo y esos labios?-

Teófanes mira detenidamente a la mulata que le acababan de presentar, hace tiempo que ha dejado de mirar a las mujeres con deseo o pasión, en su caso muy particular, las mujeres que llegan a su negocio son mercancía. Tenia meses buscando una mujer de esas características, según él con la intención de ofrecerles variedad a sus clientes. Misericordia no tenía experiencia y él lo sabia, este seria su primer trabajo, pero eso no será un impedimento, él la enseñaría a atender a los clientes.

-¿Te voy a cambiar el nombre me oíste?-

-A mi me gusta mi nombre-

-¿Si? Te gusta tu nombre…pues a mi me gusta que mis clientes regresen y con ese nombre ¿Quién coños piensas que va regresar? No lo creo, a ver quítate la ropa.-

Misericordia no se movió, lo miro fijamente sin bajar los ojos, con los gruesos labios apretados y la respiración que empezaba a ser profunda.

Él lo noto y la observo por largo rato sin pestañear, después abrió la caja de madera laqueada colocada sobre su escritorio y saco un Montecristo y lo encendió. Aspiro suavemente el humo y lo fue expulsando en una cadena diminuta de círculos que se iban acrecentando conforme llegaban al rostro de ella.

Entonces rompió el silencio.

-Tengo una mejor idea para ti y no solo eso, te voy a dejar el nombre. A ver voltéate solo para verte el culo y darme una idea del tamaño que vas a necesitar-.

Misericordia sin bajar la mirada y con la quijada aun firme y en alto se giró sobre sus talones suavemente, cuando le da la espalda por completo se detiene para que él se pierda en la gloriosa curva de sus nalgas perfectas.

Una bocanada más al habano y este deja escapar el humo aderezado de una sonrisa de felicidad.

-Ven Misericordia vamos a que te tomen unas medidas para la ropa y después te enseñare lo que tienes que hacer. Ya veras negra, voy a hacer de ti una sensación-.

Ella tomo sus cosas y lo siguió en silencio, tenía meses sin hablar español y más tiempo sin ver a un acere, así que intimidada por él no se sentía, estaba cansada de vagar por las calles, del frío y de tener hambre. Su plan tampoco era el llegar acá, pero la tormenta que los sorprendió aquella noche hizo que el grupo perdiera el rumbo y los alejara cada vez más de la costa. En la décima noche era la única apurruñada a los trozos de madera y el viejo neumático, su piel herida por el sol y los labios reventados por la sal. Recuerda hasta el décimo día, después todo fue un sueño.

Despertó en aquel barco mercantil que la trajo a Europa y aun no sabe como termino en Ámsterdam en la calle y sin llavin donde venia vagando hacia meses en busca de ayuda.

Esa ayuda llego por fin a manos de una mujer quien la hospedo por varios días en su cuarto de alquiler y ahora la traía a conocer a Teófanes, un graduado de la Escuela Nacional de Arte de la Habana quien se exilió hacia cuarenta años en una de las giras por Europa, pero en ese entonces la Revolución y Fidel aun tenia muchos simpatizantes así que él no tuvo suerte, por el contrario se le veía como un disidente de la revolución, un gusano mas de los miles que infestaban la Florida segun el absurdo pensar de los fidelistas finalmente su deseo por la libertad pudo mas que su carrera artística.

La necesidad lo trajo al Distrito Rojo. El hambre: a regentar putas.

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Vilhelm venia caminado sin rumbo, hacia frío esa tarde así que abotono el ultimo botón del abrigo de lana y saco los guates de piel de una de las bolsas. En eso recordó que hubiera sido bueno traerse la bufanda que dejo olvidada en la habitación del hotel sobre la cama.

Se acomodo el sombrero y seguio su camino sin prestar mucha atención a sus alrededores. Hacia dos semanas que se había mudado aquel hotel después de una acalorada discusión con su mujer, el problema no era un tercero en discordia, sino el trabajo, ese bendito trabajo que le otorgaba todas las comodidades pero que lo absorbía por completo, entre viajes, juntas, largas horas de trabajo quedaba poco tiempo para nada, ni para el mismo.

Ella se canso, se canso de esperarlo con la mesa servida según le dijo, con la luz encendida de la habitación, en las reuniones escolares, en los aniversarios, en los cumpleaños, en los viajes de familia que no realizaba, en la vida. Aquella tarde fue a ver a su hija pero en su lugar encontró el sobre con la demanda de divorcio.

Y Vilhelm creía que eso solo les ocurría a los hombres que engañaban o los que maltrataban, pero él no estaba en ninguna de esas categorías, así que apesumbrado caminaba esa tarde y meditaba lo poco preparado que se sentía para estar solo.

Dio vuelta en la esquina y camino unos pasos mas. Un hombre le pregunto si tiene cerillos y sacó un encendedor en oro con sus iniciales grabadas. El hombre mucho mas bajito que él toma su tiempo en encender el puro exhaló el humo, le da las gracias y le sonríe. Él guarda el encendedor en la bolsa del abrigo y sin mirarlo ni mucho menos notar su sonrisa se presta a seguir su camino. Este lo toma suavemente del brazo y con un fuerte acento le dice:

-Caballero si no levanta un poco la vista le aseguro que se perderá de algo maravilloso-

Vilhelm mira la mano regordeta que lo detiene, observa la ancha nariz y los labios carnosos y aquellos ojos de un café y brillo singular que dirigieron su atención hacia la ventana.

Él volteo hacia el cristal y el fondo negro era iluminado por dos brillantes luces del lado izquierdo solo se veía la curva rojísima de la cadera, un bota de piel negra que subía hasta la mitad del muslo y un guante en látex. La línea de la curva era perfecta, el reflejo de la luz en el plástico asemejaba una enorme cereza, subió su mirada para encontrarse con el rostro pero no lo podía ver, se quedo sin respirar por unos segundos y las luces se apagaron.

Se volvió inmediatamente hacia el hombre que se deleitaba con la escena y sin hacer una sola pregunta este le dijo:

-Es perfecta no encontraras otra igual en todo el distrito. ¿Quieres conocerla?-

Los dos hombres entraron, caminaron por un estrecho pasillo llegaron a una habitación con una cortina de color negro que hacia las veces de separador, ahí se dio el intercambio de billetes y Teófanes le agradeció no sin antes solicitarle un poco mas de candela.

Salio de la habitación cerrando la puerta tras él.

Vilhelm se quito el abrigo busco un lugar donde colocarlo pero no encontró un perchero. Así que lo coloco en el respaldo de la silla.

Lo mismo hizo con el sombrero, se sentó pacientemente a esperar cruzando y descruzando las piernas, a sus cincuenta y cinco años nunca había entrado a un burdel, todo era nuevo para él y sin embargo esa curiosidad que le provocaba toda esta situación no lo orillaba a ver que había del otro lado de la cortina.

La luz de la habitación se apago sola y eso lo puso un poco nervioso, pero siguió sentado, llamo a alguien, quien fuera pidiendo que encendieran la luz de nuevo, pero fue inútil. Escucho claramente como la cortina se abría, el corazón empezó a palpitarle aceleradamente y trago un poco de saliva.

Podía sentir la presencia de alguien más en la habitación, escuchaba la respiración pausada, rítmica, a la respiración le siguieron unos pasos que hacían eco en la habitación, y sintiéndose en una película barata de suspenso utilizo la trillada frese de:

-¿Quien esta ahí?-

No obtuvo respuesta, la respiración se fue acercando más a él, primero la sintió a un lado y mas tarde en su espalda, finalmente ronroneaba en su oreja derecha acompañada de un vaho tibio que lo excitaba y lo ponía aun más nervioso.

Una cascada de luz azul cobalto baño la habitación y se perdió de nuevo con una mascada que le fue colocada en los ojos y así perdía uno de sus sentidos.

De los nervios empezó a hablar incontrolablemente y reírse, de pronto sintió un golpe seco en su pierna un shock eléctrico brevísimo, que le cimbro todo el muslo y le dejo seca la boca.

Ella se acerco, con una de las piernas separo las piernas de él, y se coloco en medio de ese espacio, abrió un poco las piernas, acerco a su rostro y le dijo:

-No quiero que hables, no me interesa lo que tengas que decir, aquí la única que puede hablar soy yo, ¿me entendiste?-

Vilhelm trago un poco de salva, aclaro la garganta y le dijo que no entendía español. Su respuesta fue un segundo fuetazo en la pierna que lo mareo y lo dejo paralizado por unos minutos.

-Te dije que no quiero que hables, solo si yo te doy permiso de hablar puedes hacerlo ¿me entendiste?-

Seguía sin entender pero prefirió guardar silencio y así evitar un golpe más. Ella le retiro el saco, la corbata y lentamente fue abriendo los botones de la camisa. La respiración de él era agitada y un sudor frío le recorría el torso. No se movió ni opuso resistencia, se dejo llevar poco a poco hasta que puso en manos de esa mujer toda su voluntad, intento recordar otro momento igual en su vida, donde él no llevara el control de la situación, donde las decisiones no fueran tomadas por él, donde la ultima palabra no fuera pronunciada por él y no lo podía recordar.

Cuando volvió de esos pensamientos estaba completamente desnudo, atado de las muñecas de una cadena que colgaba del techo, ella le retiro la venda de los ojos y la luz lo lastimo así que cerro nuevamente los parpados y lentamente fue abriéndolos hasta que sus pupilas se acostumbraron a la luz.

Misericordia estaba parada frente a él, esa visión lo dejo boquiabierto, el pelo afro ensortijado de un dorado miel, la piel morena, el rostro ovalado las cejas delineadas y delgadas y los enormes ojos de color turquesa, él contemplo la mirada, bajo por la ancha nariz y se perdió en los gruesos y mullidos labios de un rojo intenso. El rostro era lo único que le permitía ver su piel, pues el resto del cuerpo estaba cubierto de látex rojo, aun así podía ver la voluptuosa línea de su cuerpo, los bien formados senos, la cintura, las anchísimas caderas, las largas y torneadas piernas enfundadas además en una botas altísimas de piel negra.

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Él sonrío nervioso y le pregunto su nombre. Ella entendía muy poco pero eso lo entendió, dio un paso atrás, y lo miro de arriba abajo, y se detuvo en sus genitales, y se sonrío. Él sintió la mirada, y movió de manera nerviosa sus piernas como si quisiera resguardarse, ella con el fuete aun en la mano, recorrió la entre pierna y se detuvo en la ingle, y ahí lo miro.

Una gota de sudor bajo por la punta de su nariz y el café de sus ojos se oscureció mas al pensar que le podía dar un fuetazo justo allí.

Ella leyó el temor en sus ojos, sonrío, con la punta del fuete recorrió lentamente la línea de la ingle, de abajo a arriba en repetidas ocasiones, sin dejar de mirarlo, cuando él estuvo un poco mas relajado y empezaba a disfrutar el hormigueo en su piel, ella cambio el recorrido y llevo la punta del fuete a la curva suave de sus testículos, se metió entre ellos y el tímido pene, lo acaricio suavemente, pero no había respuesta, así que camino hacia la mesita que estaba a sus espaldas y cambio el juguete.

Ahora trajo un fuete que en la punta tenia un plumero pequeño, él sonrío más tranquilo y ansioso. De nuevo inicio el mismo recorrido, esta vez Vilhelm reacciono inmediatamente no solo su respiración se fue atropellando, pero su pene se fue erigiendo ante la provocación hasta lograr una erección dolorosa.

Ella se fue acercando mas a él tanto que podía sentir el calor que el látex emitía, rozaba levemente el brillante material junto a la sudorosa piel de él, dejo escapar una cadena de quejidos a la vez que intentaba besarla pero ella se retiraba hábilmente.

Con la mano enguantada toco el pecho, bajo hasta el centro de su sexo, recorrió la circunferencia de la cintura y se coloco tras él, le abrió las piernas y con la punta de sus pezones forrados en látex le recorrió las pálidas nalgas, con las dos manos sujeto los glúteos y adentro aun mas los pezones duros y tibios enfundados en plástico.

Vilhelm grito de la desesperación y lloriqueo desesperadamente, ella entonces se incorporo, se coloco tras él, pegada a él, como si fueran uno solo, con una mano lo sujeto de la cintura y con la otra tomo con firmeza el pene erecto.

Con un ritmo pausado lo manipulo, él dejo caer la cabeza en un claro gesto de entrega al momento, ella imprimió mas fuerza al ritmo además de presión, su respiración también se fue agitando, su cuerpo a diferencia de otras ocasiones se cubrió de sudor, de pronto sintió el impulso de besarlo, de recorrer con su rosada lengua su oreja, el cuello, lamer las gotas de sudor de su frente, y pensaba eso y cerraba los ojos y de esa forma no perder el momento, los gritos de él mezcla de placer y dolor, las piernas y las nalgas tensas, solo sujetas por la firme mano de ella, y como si estuvieran conectados de siempre, como si ambos conocieran el ritmo de sus cuerpos ella detuvo ese frenético ir y venir de su mano, se coloco rápidamente frente a él, agacho su torso solo para dejar frente a él la visión de un corazón gigante que no era otra cosa que un par de nalgas maravillosas, él la miro con la boca seca, sacudía su cuerpo con ansiedad como si quisiera despojarse de las ataduras que ceñían sus manos, con la mano derecha Misericordia bajo la cremallera de metal de su atuendo y dejo al descubierto la sudorosa piel, abrió las pierna y se sujeto con firmeza del respaldo de la silla.

Y así sin poder sujetarse de nada, Vilhelm la penetro. Su cuerpo era un péndulo y sus piernas le respondían con la firmeza de los veinte, decidió no cerrar los ojos, no perderse un solo minuto de ese momento ver el cuerpo de ella retorcerse, escucharla gritar, insultarlo en ese idioma del cual no entendía nada.

Sus piernas le anunciaron el momento en que iban perdiendo fuerza tomo un poco más de aire y le embistió por última vez con fuerza y ella a su vez contrajo su cuerpo y ambos exhalaron a la vez.

Se quedaron así unidos por unos minutos, ninguno de los dos atino a moverse, ella se fue incorporando poco a poco y con delicadeza se separo de él.

Se quito los guantes y dejo sus manos expuesta, entonces le acaricio la cara, le rozo los labios, bajo por su pecho húmedo por el sudor y toco el pene aun sensible al tacto.

Con las dos manos abrió el candado de las esposas y lo libero.

Él dejo caer los brazos sin fuerza, las piernas aun le temblaban y atino a sentarse en la silla y contemplarla.

Ella camino sin prestarle atención agacho de nuevo su torso, medio abrió las piernas exponiendo de nuevo sus nalgas y cerro la cremallera de un solo movimiento.

Coloco un CD en el estereo y se quedo así de espaldas a él.

Vilhelm se fue cambiando lentamente y lo hacia a la vez que la miraba de espaldas una enorme paz y satisfacción lo rodeaba, buscaba palabras ha pronunciar pero sabia que era inútil no se podían entender y sin embargo se convenció de que se habían entendido perfectamente. Una vez terminado de vestir sintió la imperiosa necesidad de ofrecerle algo, de darle algo, pero no se le ocurría ¿que?

Busco los guantes en la bolsa del abrigo y encontró la barra de chocolate que le llevaba a su hija, la saco de la bolsa y contemplo el empaque morado y letras blancas. Dudo por un momento pero finalmente se animo.

Camino los cinco pasos que lo separaban de ella, se coloco a un lado de ella y coloco la barra de chocolate sobre la mesa, ella tenia los ojos cerrados, estaba perdida en la música, pero al sentir su presencia los abrió, miro de reojo la barra de chocolate lo miro a él y ambos sintieron un escalofrío recorrer sus cuerpos.

Él bajo la mirada se dio media vuelta y antes de salir le pregunto de nuevo como se llamaba. Su mano aun en la chapa de la puerta alcanzo a escuchar su voz que le respondía.

-Misericordia-

Él sonrió, el nombre no le dijo nada, mas sin embargo se lo grabo y lo primero que tenía pensado hacer seria buscar su significado.

Ella tomo la barra de chocolate la abrió, aspiro la fragancia reconoció el cacao y la zarzamora mordió una de las esquina y se sentó con los ojos cerrados, perdida con el vaivén de su lengua y paladar hasta que la pequeña laja de chocolate se desapareciera de su boca para fundirse con los melancólicos acordes de Cachao…


10 comentarios en “Misericordia

  1. Hace tiempo que no leía este texto. Y vaya… es maravilloso.
    A ti lo único que te faltan son algunas comas y un par de acentos.

    A ver cuándo diantres te animas a hacer un libro.

  2. solo eso? y pensar que yo estaba convencida que me hacian falta tantas cosas en mi vida, pero no! todo se reduce a comas y acentos…

    El libro…espero que ese venga pronto, muy pronto.

    besos mil

  3. Caí por accidente, pero quedé maravillado y muy complacido por tu manejo del lenguaje y de las imágenes que provocas, amén de las que ilustran tu texto.
    Felicidades!!! Te seguiré visitando!!

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