7mo Mandamiento: No Robarás…

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-El cuerpo de Melquíades quedo tirado en medio de la nada, el viejo sombrero de paja rodó unos metros de donde quedo el cuerpo. Dicen los que lo encontraron que del impacto del rayo se enrosco y que los pocos árboles que estaba por allí quedaron quemados, sin una sola hoja. El rayo no solo lo mato a él, sino a todo lo que encontró a su paso, la única diferencia es que a Melquíades si lo lloraron.

Ese fue el ultimo rayo que cayó esa temporada de lluvias en el pueblo, esa misma noche se velo el cuerpo de Melquíades, y hubo que pedirle prestada una mesa redonda al padre Antonio de la sacristía pues no hubo manera de destrabar el  cuerpo enroscado y churido.

Los morbosos del pueblo fueron llegando en decenas, los grupos de lloronas fueron las primeras en llegar a la casa y de a pronto se colocaron frente al difunto y soltaron los primeros lloridos, como si de veras les pesara…-

-¡Beatriz!-

La niña guarda silencio y abre los ojos con las manitas se toma con fuerza del reclinatorio y respira profundo.

-Mande Madre-

-¿Que blasfemias estabas diciendo?-

-Estaba rezando-

-Ya puedes volver a tu salón, espero que hayas comprendido que robar es un pecado muy feo, y que puedes ir al infierno por eso-

-Pero Madre, yo no…-

-¡Silencio! Ya escuche muchas veces la misma historia, y no te creo, deberías arrepentirte de lo que hiciste, la maestra dijo muy claramente que de tarea tenían que escribir un poema ¿cierto? Bueno, pues para ti fue mas fácil robarlo de un libro y darte el crédito, y eso es un pecado capital-

-El poema era mío-

-Basta, no quiero discutir más contigo, da de santos que no llamo a tu mamá, regresa a tu salón-

Beatriz sale de la capilla, pasa por el pequeño puente que comunica con el resto del colegio, se asoma por la primera puerta y nota a la maestra distraída, entra sin hacer ruido, toma sus lonchera de metal, la mochila de los cuadernos y sale del salón.

Rápidamente baja los escalones de la entrada y camina por la banqueta sin mirar atrás, a Beatriz se le ha metido en la cabeza que si ella no mira hacia atrás nadie la sigue, pero si ella mira hacia atrás de seguro alguien la viene persiguiendo.

Mira antes de cruzar la calle y rápidamente llega a la otra banqueta, siempre en la segunda acera se siente a salvo de ese lugar, caminó las varias cuadras que había entre su casa y el colegio, saludo al grupo de albañiles que estaban tomándose un descanso en la obra, se paró por unos minutos y desde allí pudo ver el jardín de su casa y sus perros echados al sol.

Siguió su camino, hasta llegar a su casa, entro y se fue directo al jardín, se encontró a los dos perros reposando y se tiro junto a ellos recostando su cabeza en uno hasta quedarse dormida.

La abuela la encontró mas tarde, alarmada pues en el colegio no la encontraban y suponían que se había perdido.

La abuela Fina la despertó y le pregunto que había pasado, la niña entonces le relato todo lo ocurrido, todo, menos el que no rezaba en la capilla. Entonces la tomó de la mano fueron a la cocina, le preparo un café con leche, se sentaron en la mesa y mirándola muy fijamente le pregunto:

-¿A ver Beatriz y como era ese poema que escribiste y que no te creyeron que era tuyo?-

Beatriz se acomoda en la silla como si fuera a decir algo muy importante, da un trago al café con leche, coloca las manos en la mesa y dice:

-Pues mira Mamá Fina era algo así más o menos…-

10 comentarios en “7mo Mandamiento: No Robarás…

  1. Fue un placer darme un par de horas para hacer el cuento que dedico a Maya y a tì. Es algo biogràfico, pero no le digas a nadie porque viene lo peor.

    Los nombres fueron cambiados, pero las acciones respetadas.

    Aquì son las 4 de la mañana voy a dormir, espero te guste.

    Buen dìa

  2. Muchas gracias 4Letras, no solo por la visita pero por el cuento. Ya estare preparandome un cafe y me voy a leerlo.

    Y no te apures ni quien se entere que es biografico, eso lo sabremos solo tu y Maya y yo claro.

    Se que me gustara gracias mil de nuevo y buenos dias linda!

  3. El rayo no solo lo mato a él, SINO a todo lo que encontró a su paso, la única diferencia es que a Melquíades si lo lloraron.

    pues no hubo manera de destrabar el cuerpo enroscado y churido.

    -Pero Madre, yo no…- (le puse unos puntos suspensivos por que no dejaron a la niña terminar la frase.

    Hola Bea, me tomé el atrevimiento de cambiar unas frases que se me complicaron al leer el texto. A veces suelo ser chocante con estas cosas pero me gustan mucho tus relatos…

    Palomilla Gramatical

  4. Lamentablemente el poema me lo quitaron y nunca me lo devolvieron.

    Esa vez se lo dije a la Mamá Fina de memoria, pero el poema lo olvide, lo que no olvide fue el regaño…

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