9 West & 53rd Street 3ra Parte

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Siempre me han gustado los otoños en esta ciudad, y mi gusto no es un reflejo del romanticismo ocre en las copas de los árboles, ni la gama insuperable de verdes que nos regala la temporada, ni la ansiosa anticipación que me provoca el invierno.

No, lo mío se traduce a la mesa, a los componentes de la mesa, a las mil posibilidades con las que puedo ser sorprendido. Ciertamente, una temporada de platos fuertes, de castañas asadas como si estuviera en Roma o Paris, y sin faltar un buen tinto. Sin embargo hoy en día el único otoño que deseo vivir es a tu lado. ¿Me pregunto si volverás? Por motivos de trabajo me tuve que ausentar, ¿como decirte? Como hacerte saber que en unos días estaría de regreso para reencontrarme contigo, a la hora habitual, en nuestras mesas.

Según me informaron acudiste puntual los primeros dos días, de la cocina te hicieron llegar las sugerencias del chef de manera exacta al igual que el vino que complementaria de manera perfecta el maridaje, mas tengo entendido que no tocaste nada, los platos fueron retirados de tu mesa igual como llegaron, solo que fríos y el vino, despertó y volvió a caer en un estado de amodorramiento ante tu indiferencia. Una pena, esa botella que debió acompañar el medallón de cerdo y romero sobre una cama de puré de membrillo y la Gâteaux de hongos fue seleccionada con sumo cuidado, pensando en ti, en esa actitud que vi en tus ojos la ultima vez que estuvimos frente a frente, tus ojos al igual que ese vino son combativos, deseaba que lo probaras, que paladearas líquidamente lo que tus ojos me vienen regalando desde hace unos días, una lidia, una constante provocación que difícilmente puedo y deseo resistir.

Me asomo por el gran ventanal el cielo esta abotagado, un viento ligero pasea unas hojas secas en el jardín escultural, y la luz que entra e ilumina ligeramente el comedor central sin llegar a la barra, es una iluminación perfecta para ti.

Puedo imaginarte sentada en tu mesa, mirando por la ventana al cielo, tu no me lo has dicho pero se que te gusta observar las nubes y mientras lo haces paseas la yema de tu dedo en la boca de la copa, te pierdes en esa imagen, desconozco que recuerdos te pueden traer las nubes pero imagino que no son tristes.

Diez después de la hora. Hace cuatro días que esta mesa no sabe nada de ti, mas sin embargo siento que hoy volverás, vistiendo esa falda negra de vuelo que tanto me gusta y la blusa blanca con los primeros botones sin abotonar, una clara invitación a la imaginación. Y si creo conocerte esta vez calzaras botas, no te prestaras a otro atrevimiento de mi parte dejando al desnudo esa pantorrilla.

Deseo ver tu rostro sorprendido al encuentro conmigo, mas adelante cuando conozcas la selección del menú, así como la botella que elegí en esta ocasión para nuestro reencuentro, esta vez estoy decido diré algo, lo que sea, pero lo diré, se lo que te quiero decir, y el momento ha llegado.

-Buenas Tardes-

Un calor recorre mi cuerpo, esa voz solo puede ser tuya, mi corazón golpea de manera despiadada en mi pecho, mis manos sudan incontrolablemente y tu fragancia me confirma que estas aquí.
Giro sobre mis talones, al encuentro contigo lentamente, imagino tus ojos, tu rostro, la sonrisa dulce, pienso: ¿que decirte?

Y si, eres tu, frente a mi y nuestras miradas se encuentran, se reconocen, te sonrío pero tu bajas la mirada, y supongo que fue justamente en eso momento cuando note que no venias sola.

Me disculpe por estar en medio del paso de tu mesa, recorrí la silla para que te sentaras y solo atino a decir:

-Bienvenidos-

Hay un silencio absoluto en la barra y en la entrada de la cocina, se miran entre ellos, yo camino hacia la mesa, pero esta vez elijo una donde te pueda ver de frente, y así de frente me expliques quien es Él.

El mesero se acerca ofrece la carta de vinos, él la toma, ¿y tú? Con la mirada fija en el plato. Después de revisar la selección decide por fin, así que veamos, que tanto te conoce…

Minutos después arriba una botella de Nebbiolo, Vigna Rionda Massolino, él aprueba la botella de la cosecha del 2002 asintiendo con la cabeza y declina la degustación inicial, cediéndote a ti el honor. Tu tomas la copa por el cuello con la misma delicadeza que te he visto hacerlo tantas veces, giras un poco el liquido, llevas la boca de la copa a tu nariz, aspiras y lo miras fijamente, cierras los ojos a la par que el liquido va entrando por tu boca, recorriendo tu paladar y bajando por tu garganta, te quedas así por un minuto con los ojos cerrados, una sonrisa asoma por tus labios y le regales a él, el brillo de tus ojos.

Yo desde mi mesa observo su mano recorrer tu mejilla y finalmente termina dándote un beso también en la mejilla.

Y me pregunto ¿por que? Por que tenias que venir precisamente a este restaurante, ¿por que a esta hora? ¿Me estas castigando por mi ausencia? ¿Por mi atrevimiento de la ultima vez? ¿Me estas tratando de decir que no me acerque a ti?

Tú conoces muy poco de mi, pero ya va siendo tiempo de que sepas que esto no me desanima, por el contrario me provoca aun mas, ha desearte y hacértelo saber.

Estaba totalmente seguro que la entrada de langostinos con albahaca, chile tailandés y confitura de tomates Heirloom serían de tu agrado, puedo adivinar tu estado de animo, debes estar nerviosa, es la primera vez que te veo untarle mantequilla al pan. Él habla y tú simplemente lo escuchas, asientas en repetidas ocasiones, lo veo tocar tu cara, acariciarla, daría la impresión de que tienen tiempo sin verse…

El mesero se acerca a ti, seguramente a preguntar algo sobre tu platillo, tu aprovechas ese momento para mirarme de frente, nuestros ojos se encuentran y un rubor sube a tu rostro, lo cubre, lo abraza. Desvías tu atención al mesero y das alguna indicación. Minutos mas tarde arriban los platos.

Él debe estar cuidando su salud, sobre todo a su edad o no encuentro otra explicación para ignorar el menú y ordenar salmón empapelado al vapor y unas desabridas verduras también al vapor.

Pero tu, como de costumbre aceptaste la sugerencia del chef y frente a ti esta ese hermoso plato con un corte Black Angus poached en Cabernet acompañado de una entrada de hongos abulón en salsa Hachée.

Vas cortando uno a uno los bocados que te llevas a la boca y descansas siempre los cubiertos sobre la mesa, para después dar un trago de vino.

Y si, él debe conocerte bien, mira que saber que el Nebbiolo es uno de tus vino favoritos, a mi me tomo varias tardes descubrirlo.

Hoy luces distinta, para mi sorpresa y errando a mis pronósticos hoy portas un vestido de corte emperatriz en tonos verdes y chocolate, la falda con vuelo por encima de la rodilla, el escote me permite ver un pequeño lunar que vive en tu seno derecho, mi mirada baja por esa línea central que divide tus pechos, me columpio en las posibilidades, subo nuevamente al contorno de tus hombros, redondos, acariciados por la tela suave que cubre tu cuerpo. El pelo suelto el día de hoy solamente agarrado por un broche discreto del lado izquierdo, cubre tu espalda como si fuera un telón pesado, brillante.

Mi lengua recorre mis labios, los humedece, imagino que los paseo por tu cuello, que bajan por tu escote y descubre tu aroma íntimo, exquisito.

El mesero trae a mi mesa el capucchino que ordene minutos antes, observo la taza humeante, la doble espuma que pedí. Tú sigues todos mis movimientos, te preguntaras por que en esta ocasión no comí ni mucho menos ordene vino…

Él se ha quedo por fin en silencio, al igual que tu, mira por la ventana, se pierde afortunadamente en las imágenes del jardín con la luz del mediodía.

Tú me miras de frente, veo tú nerviosismo, me regalas el temblor de tus manos a la distancia, retiras la mirada en repetidas ocasiones, yo te sonrío.

De nuevo tu mirada pasea por todo el salón, se detiene en el enorme florero con rosas blancas, me miras de nuevo, tratas de sostener la mirada y justamente en ese momento te hago saber cuanto te deseo.

Mi dedo índice se acerca lentamente a la taza de café, y de un movimiento lento recoge una diminuta nube de leche que lo cubre por completo, alba, tibia, iluminada como tu.

Tú me sigues con la mirada y veo tu respiración agitarse, no hay manera de que lo ocultes. Mi dedo entonces revestido de esta espuma rabiosa, como me hiciste sentir todo este tiempo corona magistralmente mi dedo, te lo muestro, y una gota tibia de leche recorre vertiginosamente hacia la palma de mi mano, tu no pestañeas, entonces, me llevo el dedo a la boca y lentamente lo introduzco a mi boca, lo recibe mi lengua, lo cubre mi paladar, y lo saco limpio, inmaculado, húmedo, besado por mis labios, justo como quisiera hacerlo contigo…

De pronto el silencio del momento fue interrumpido por tu copa que rodó sobre el mantel, bañó casi por completo tu platillo principal, salpico tu vestido, y dejo rastro en la corbata de tu acompañante.

Nerviosa te levantaste de la mesa, te disculpaste y te encaminas al tocador. En ese momento te sigo.

Me detengo en el marco de la puerta, tu agachada sobre el lavamanos, las manos cubiertas de agua, te refrescabas el rostro, yo cerré la puerta detrás mió.

Me acerque a ti, pegue mi cuerpo al tuyo, tu te afianzaste con la dos manos de la orilla del lavabo, recorrí con mis manos tus muslos por encima del vestido, lo subí a la altura de tu cintura, tu seguías con los ojos cerrados, gemías, pase mi mano por tu sexo tibio, gemiste aun mas, te acercaste a mi, pegaste tu espalda a mi pecho y traste de alcanzar mis labios, pero aun no era el momento de besarte.

Mi mano te recorrió, sintió tu tibieza, tu humedad, el calor que por todo este tiempo solo pude adivinar, la fragancia de tu intimidad, y lo dulce de tu voz pidiéndome que me detuviera.

Mordí levemente tu hombro y obtuve como respuesta un quejido dulce y complaciente, te gire, ahora de frente te mire a los ojos, sonreí, tu temblabas, y comprobé que me gustaba ponerte así, vulnerable, en espera de mi próximo movimiento. Entonces baje los hombros de tu vestido, deje al descubierto tu pecho, sonreí al descubrir un delicado encaje filigrana en color chocolate que bordeaba el azul celeste de la gasa que complementaba tu sostén, recorrí con mi lengua el centro de tus pechos, acaricie por encima del encaje, obtuve respuesta inmediata, te bese el cuello, tu acariciabas mi cabello, y escondías tu rostro en mi pecho, yo baje por tu cintura con mis manos, te contemple así frente a mi, entregada a mi, bese nuevamente tus hombro, y tu acercabas tus labios a los míos, pedías un beso, dos, mil besos.

Metí la mano a la bolsa de mi saco, saque un papel doblado en cuatro, tu abriste los ojos en espera de mas, te sonríe, te atraje a mi de un movimiento brusco, pegue tu cuerpo al mió para que sintieras mi dureza, y así en la proximidad de nuestros cuerpos coloque en el tirante derecho de tu sostén el papel, bese la mejilla que él no beso y me retire.

Cruce el comedor central lentamente, sabía que te tomaría tiempo salir de ahí, que justamente en este momento deberías estar leyendo mi nota que decía:

-10:00 PM Cena tu y yo en el lugar de siempre-

Caminaba con un ardor entre mis piernas, con la boca seca, lo mire en la mesa, esperándote, él me miro de frente, clavo sus ojos en los míos, y justo al pasar junto a su mesa lo escuche decirme:

-¿Disculpe caballero me podría indicar donde esta el baño de damas? mi hija, creo que tarda más de lo normal-

11 comentarios en “9 West & 53rd Street 3ra Parte

  1. Pues de este texto aún sigo pensando y pensando, creo que lo voy a leer todo de corridito por que tengo la impresión que entre la segunda y la tercera parte hay una ruptura. Pero quizás son solo mis paranoias palomillezcas.

  2. Hola! Gracias por la visita, esta historia esta sin terminar como pudiste darte cuenta, que bueno que te gusto, espero que me sigas visitando asi cuando salga el proximo capitulo lo podras leer.

    Saludos!

    Beatriz

  3. Hola Beatriz, tenia mucho sin entrar y cuando entro me doy cuenta q aun no esta la cuarta parte de la historia, me tienes intrigada con lo q vendra. Espero q pronto pueda leer la continuacion de esta. chao, cuidate.

  4. Hola Mendala!

    Muchas gracias por la visita. Y no me lo vas a creer, pero es justamente en esta historia en la que trabajo. Me alegra saber que te gusto, y que esperas el final.

    Muy pronto lo podras leer, mil gracias por la visita y el comentario.

    Te hago llegar un fuerte abrazo!

    Beatriz

  5. Oiga pues no nos deje tan angustiados esperando la continuacion de tan excelsa historia, seguro depara sorpresas por ahi me imagino…

    Saludos y cuidate

  6. Para nada caballero, creame que estoy trabajando a marchas forzadas para sacar el ultimo capitulo de esta historia, veremos que inspiracion le arranco a ”The Windy City”

    Le envio mis saludos y mis mejores deseos!

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