9 West & 53rd Street 2da Parte

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-Debería estar aquí, normalmente suele ser puntual, ¿que la pudo retrazar? Miro el reloj, diez después de la hora, es una lastima, su mesa esta ocupada. Por más que intente que no fuera ocupada, el grupo de visitantes nipones era tal que no hubo manera de evitar que se colocaran una mesas frente al ventanal.

¿Y si no vuelve? ¿Y si ayer fue el último día en que comería aquí? Y titubeé, no me anime a decirle que la vengo observando desde hace días, que aquel lunes que cruzo el comedor principal y la fragancia de su perfume me acaricio, no he tenido un solo día de paz. Ayer mismo adivinando su estado de animo, sus pensamientos, sentí, es mas me convencí que habíamos logrado establecer una comunicación en medio de este gran bullicio, de las mesas, el incesante ir y venir de charolas cargando platillos. Ayer no toco la copa de vino, acaricio el cuello de la copa con los dedos, pero no bebió, si acaso unos tragos pequeños al vaso de agua mineral, un suspiro prolongado que alcance a escuchar y la mirada evitando la mía.

Pero si vuelves, haré algo, te diré algo, no dejare pasar un día más, celebrare tu retorno-

Él se levanta de la mesa, abrocha el segundo botón del saco, de un tirón jala el puño de la camisa y reacomoda la mancuernilla, camina rumbo a la cocina, da un vistazo, se sonríe con el saucer, le guiñe un ojo, el maître se acerca, le susurra algo al oído, él asienta con la cabeza y da un vistazo mas al comedor, sobre todo a la mesa del grupo japonés de visitantes. Se acerca al mesero de origen hindú, le señala una mesa en la esquina, esté toma nota de las indicaciones y se dirige hacia la mesa vacía.

Se abre la puerta, con ella el ruido de la calle, los nervios enardecidos de la gran ciudad rugen cada que la puerta de cristal es abierta, hace su arribo arrastra a su paso el resplandor del mediodía, se acerca a la hostess, se disculpa por la tardanza, el trafico, un embotellamiento terrible, gesticula nerviosa, agita las manos, en eso da un vistazo rápido al comedor, a su mesa, no la ve, sus ojos ahora buscan la otra mesa, tampoco esta, en un claro acto de abatimiento deja caer los hombros. Se ha quedo callada.

La acompañan a otra mesa, en la esquina, la luz no es la mas adecuada pero se esta de alguna manera lejos del comedor principal y del bullicio, en ese rincón improvisado hay otra mesa también vacía. Le retiran la silla, ella toma asiento, y fija su mirada en el servicio, como si lo viera por primera vez, le traen como de costumbre la botella de agua mineral, un vaso con poco hilo, la canasta de pan recién horneado y la mantequilla que casi nunca toca.

Él la observa desde lejos, nota el cabello suelto cayéndole en la espalda, los labios rojos y tensos, la falda negra unas pulgadas más arriba de lo normal y su mirada, como si buscara algo.

Nuevamente el mesero se acerca a ella con un pequeño florero de rosas lilas, ella observa la pequeña base, el color de las rosas y distingue la fragancia que de ellas se desprende, sonríe.

Él encamina sus pasos, cruza el comedor lentamente, sin prisa, tan solo se detiene en una de las mesas, saluda, avanza entre las mesas, ella lo ve, siente que su sangre llega a su rostro como un lengüetazo de fuego, no lo puede evitar lo sigue con la mirada, la línea de sus pasos, estos se aproximan cada vez mas, ella puede percibir la ligera combinación de maderas en su loción.

Él se detiene en la mesa frente a ella, retira la silla, se desabotona el saco, con las dos manos jala ligeramente el pantalón y se sienta cómodamente, la silla queda un poco retirada de la mesa, el cuerpo relajado, pasa la pierna por encima de la otra y la descansa, en un acto disipado y seguro. Abre la servilleta de algodón y la coloca sobre sus piernas.

Ella lleva su mirada a otro lado, la descansa sobre el arreglo floral de alcatraces que adornan el comedor principal. Su corazón acelerado, sus manos temblorosas, no se ha dado cuenta que el joven mesero esta junto a ella y le extiende la servilleta en sus piernas, le pregunta que desea ordenar.

Ella elige el salmón de Alaska acompañado de una guarnición de vegetales. El mesero lo busca con la mirada y él gira su cabeza en negativa.

El mesero le pregunta entonces si selecciono un vino para acompañar su salmón, entonces ella un poco aturdida intentando concentrarse en la orden le dice:

-Una copa de Torrentes, Sagta-

El mesero busca de nuevo su mirada, él de nueva cuenta hace un movimiento negativo con la cabeza y el mesero se retira.

Ella siente su mirada, era la primera vez que él la observaba tan abiertamente, que estaba tan próximos, anteriormente se encontraban colocadas un par de mesas entre ambos y eso hacia toda esta situación mas llevadera, pero ahora, él estaba ahí, frente a ella, mirándola.

De la barra llega una botella de Sassicaia, sirven una copa, él no se distrae ni con el aireado del vino, por el contrario, la mira fijamente, hay un brillo en sus ojos que no puede ocultar.

Entonces toma la copa por el cuello, la mira, observa el color en contraste con el albo mantel, la rota, el liquido entonces despierta solo para regalarle un delicioso bouquet, examina el liquido ondear en la copa, compara el rojizo rubí con los labios cereza de ella, lleva la copa a la altura de las fosas nasales, lo aspira, con los labios entre abiertos se deja invadir del añejo, da un pequeño sorbo y descansa nuevamente la copa sobre la mesa. No sin antes regalarle una sonrisa.

Ella lo mira sin parpadear, los labios secos, la respiración entrecortada, sus ojos concentrados en los húmedos labios, entintados, ella se pierde en su frente, en el nacimiento del pelo, en la barbilla, y vuelve de nuevo a los ojos, decide mirarlo de frente, y responder a este ataque frontal, esta emboscada de la que dudaba salir bien librada.

El mesero se acerca con una copa de Chateau La Dauphine, ella lo mira sorprendida, pero no corrige la elección. Deja la copa reposar unos minutos sobre la mesa, se reacomoda de nuevo en su silla antes de darle el primer sorbo, y del movimiento la servilleta se desliza de sus piernas y cae al piso sin que ella lo note.

Entonces, con la copa aun en las manos lo ve levantarse de la mesa, colocar la servilleta en el asiento de la silla, encaminar sus pasos hacia su mesa, ella lo mira asustada, acorralada, el corazón acelerado a punto de estallar, las manos con un ligero temblor, él no distrae la mirada, siempre de frente, en eso se detiene frente a ella, a un lado de ella, agacha lentamente su cuerpo, la espalda ligeramente erguida, con el dorso de la mano izquierda recorre su muslo, ella no se mueve, siente el calor de su mano, su corazón es un caballo desbocado, él recorre el muslo lentamente, baja por la rodilla, reconoce la curva gloriosa de la pantorrilla, hasta llegar al tobillo, detenerse y tomar la servilleta del suelo.

Se incorpora lentamente, y cuando esta a la altura de su rostro, le sonríe de nuevo y se termina de incorporar no sin antes tomar una servilleta limpia de la mesa continua y colocarla en sus piernas.

Ella tiembla, tiembla incontrolablemente, siente el roce apenas perceptible de su mano en su pierna, luego en sus muslos, en su cadera, recorrer la espalda, subir por sus hombros y finalmente bajar por sus senos.

Cierra los ojos, imagina de nuevo que él no se detuvo en el tobillo, sueña de nuevo, que él siguió esa andanada por su cuerpo entero, que lacero cada pequeño rincón de su cuerpo. Abre los ojos, él sentado frente a ella, bebe lentamente el tinto. Sonríe luego bebe y sonríe una vez más…

7 comentarios en “9 West & 53rd Street 2da Parte

  1. …en eso se detiene frente a ella, a un lado de ella, agacha lentamente su cuerpo, la espalda ligeramente erguida, con el dorso de la mano izquierda recorre su muslo, ella no se mueve, siente el calor de su mano, su corazón es un caballo desbocado, el recorre el muslo lentamente, baja por la rodilla, reconoce la curva gloriosa de la pantorrilla, hasta llegar al tobillo, detenerse y tomar la servilleta del suelo.

    Con esa forma de describir, uno se traslada al lugar, al momento, a las sensaciones que flotan en el ambiente, puede sentir ese roce e imaginar ser el protagonista de ese encuentro, delicioso!!!

    Y lo que nos espera en esa historia -supongo-…

  2. Tiene razón. Hasta podría escucharla decir:

    -Te observo de lejos, te he notado primero, cambio mi trayectoria para pasar a tu lado, cerca, casi rozándonos de nuevo, deseo que percibas mi aroma, que te provoque de nuevo acercarte a mí, que sientas cerca la textura de mi piel y desees sin pensarlo venir a mí.

    Pero, ¡que sorpresa! Llevas la corbata que tanto me gusta, azul oscuro con esos detalles de diamantes distribuidos, y esas mancuernillas en perla que bien te combinan, pero además tienes hoy un brillo especial en tus ojos, al verme sonríes sin timidez alguna, seguro de que te sabes correspondido, no tienes reparo en que lo note, una parte de esa barrera que existía la has eliminado con tu exquisito atrevimiento, lo deberé aprovechar, si ambos lo deseamos, no veo porqué no develarlo, pero nunca he deseado sentirme acorralada, apresurada, lo disfrutare a mi manera, a mi tiempo, sin más…-

    -Supone bien-

  3. Caray Beatriz, que bueno que te leí casi a las siete de la noche y no en la mañana, que si no…. bueno, estaría más desconcentrada, muda, alterada de los sentidos y claro sin aire. (será que estoy enferma y no respiro bien, o de plano es la edad jajaja, ouch weno espero que no sean ninguna de las dos)

    Y ha surgido en mi la duda, en que terminará esta historia, mmmmh, en algo delicioso…. ¡espero!

  4. Mire pues es bueno saber que no le provoco problemas en esta ocasion leerme.

    Le deseo que se mejore pronto.

    En que terminara la historia? pues la verdad en un descuido ni termina oiga…

    Finalmente, que bueno que le gusto la foto.

  5. Pues espero la siguiente entrega del texto para poder dar mi opinión pero eso si, me fijé que a todos los “Él” les falta el acento por que es pronombre personal. Disculpe usted las molestias de mis correcciones pedantes.
    Palomilla Gramatical

  6. JAJAJAJAJAJAJA!

    Por fin! oiga, se animo a decirme que me faltaban no uno, ni dos, si no un mundo de acentos.

    A la brevedad los coloco y le agradezco la visita mi estimada.

    saludos,

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