El Último Tango en Paris…

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-¿Beatriz sabes lo que les pasa a las almas pecadoras como la tuya?-

La niña guarda silencio y mira fijamente a la madre Josefina quien abanica su molestia y su repudio ante la niña hereje. Le molesta no sentirla intimidada, que no baje la mirada ni siquiera para pestañear. Se da media vuelta y toma de nuevo el libro en sus manos, hojea brevemente los primeros capítulos y regresa su vista a la fotografía en sepia de la portada.
Claramente ve los cuerpos desnudos en perfil de un maduro y apuesto Marlon Brandon y una jovencísima María Schneider. Respira de nuevo, tratando de olvidar la imagen pero sobre todo de echar a volar su imaginación.

Se vuelve a la niña y nuevamente le pregunta:

-Beatriz, este libro es sucio, no es el tipo de lectura que debe existir en una casa decente, ¿quien lee esto en tu casa? Sabes, que puedo llamar a tus padres y decirles las porquerías que lees, ¿crees que les agrade saberlo?-

Beatriz guarda silencio mira por ultima vez el libro, no le preocupa, lo termino de leer sabe perfectamente lo que pasa en la historia, así que la madre podrá decir todo lo que ella quiera. Su mamá le dijo que podía leer lo que ella quisiera de la biblioteca, y así lo hace, cada dos o tres días sube por un libro nuevo, se viene esforzando por leer libros con menos dibujos y más letras. Le cuesta trabajo concentrarse pero lo intenta, lo importante es terminar el libro, e ir por otro.

-Esta bien, no hables, no digas nadas, ¿pero sabes que vas a hacer ahora? Te voy a llevar a la capilla a rezar, y de rodillas le vas a pedir a nuestro señor que te perdone, ¿me oíste? Y da de santos que no te pongo hincada al centro del patio por que esta lloviendo.-

Toma de la mano a la niña y la lleva a la capilla, dentro en la primera fila esta alguien mas, Beatriz sonríe cuando la ve y baja la mirada.

Una vez solas le pregunta:

-¿Qué haces?-

-Pienso-

-¿En que piensas?-

-En que prefiero estar aquí que en el salón escuchando a la madre decir tonterías, ¿y a ti por que te trajeron?-

-Por que estaba leyendo un libro-

-¿de cuentos?-

-si de cuentos-

-¿cual?-

-El Último Tango en Paris-

-No lo conozco, ¿pero por eso te castigaron?-

-La madre dice que es un libro sucio y que me voy a ir al infierno por leerlo-

-El infierno no existe ni tampoco existe dios-

Beatriz abre los ojos en clara muestra de asombro, entre abre los labios como si fuera a pronunciar algo, pero nada sale de su boca, pestañea un par de veces y le pregunta a la otra niña de enormes ojos negros.

-Sara, ¿quien te dijo que Dios no existe?-

-Yo lo se, nadie me lo dijo, pero yo lo se, ¿tu crees que si el existiera estaríamos aquí?-

Beatriz nunca se había cuestionado la existencia de Dios, ella creía por que le dijeron que tenia que creer, claro pensándola bien, cada que la traían a la capilla pues no le rezaba por que terminaba haciendo caso de lo que su padre le había indicado, repetir los cuentos y no los rezos.

-¿A poco tu si vienes a rezarle?-

-No, no le rezo, le cuento cuentos-

-¿Y a mi, me vas a contar un cuento?-

-Si, hay uno que nunca te he contado que paso hace tiempo y es verdadero, por que paso en el pueblo de mi papá, quieres oírlo?-

-Si-

-Sara, ¿de verdad no existe?-

-No-

-¿Y el Espíritu Santo?-

-Tampoco-

Pero la Virgen de Guadalupe ¿si verdad? Mi mamá Fina le reza a ella siempre, solo a ella y dice que concede todo, ¿verdad que ella si existe?-

Sara mira a los ojos a Beatriz, le puede ver la angustia reflejada, podría decirle en este momento que la Virgen de Guadalupe también es una gran mentira de la iglesia, pero le rompería el corazón, así que con una sonrisa le responde a su amiga.

-Betty, la Virgen de Guadalupe es punto y aparte, pero a ver cuéntame ese cuento-

Beatriz respira aliviada se acomoda en la banca de madera para iniciar el relato.

-Esto paso hace algunos años, Melquíades iba al pueblo caminando llevaba un recado urgente, dicen que iba pensativo, con la cabeza gacha, por eso no se dio cuenta que el cielo estaba negro, lleno de nubes gordas, el viento soplaba y hacia ese ruidito que hace cuando lleva malas noticias. Las nubes se empezaron a remolinar, el cielo tronaba con fuerza, pero Melquíades nunca voltio al cielo, si lo hubiera visto, si el hubiera mirado de frente al cielo, se hubiera dado cuenta que el rayo lo venia cazando.

Pero no fue así, Melquíades pensó que una piedra enorme le había sido arrojada desde las nubes, que le atravesó la cabeza, recorrió el cuello, cruzo toda la espina dorsal y se partió en dos en sus piernas, del pelo le salio humo por que se le chamusco, los ojos le quedaron en blanco como si fueran un par de huevos cocidos y se quedo con la boca abierta y los dientes trabados. Esto nadie me lo dijo, pero yo lo sé, del susto Melquíades también se orino.-

-¿y que más?-

-Es todo-

¿como todo?-

-Si Sara es todo, por que ahora tú me tienes que explicar como esta eso de que Dios no existe.-

 

 

8 comentarios en “El Último Tango en Paris…

  1. ¡Dios no existe! Es solo una mentira que nos hicieron creer para controlarnos y Jesús tampoco.
    Afortunadamente el semáforo se puso en rojo, lo que me dio tiempo suficiente para dar un respiro profundo. Vi ese par de ojos verdes inquisitivos, retadores, esperando una respuesta que lo hiciera convencerse de su acierto.
    Aún no he podido convencerlo de que Dios existe, independientemente de que él crea o no. Pero ese Duende, si que sabe como echar a volar todos mis recursos retóricos en fracciones de segundo.

  2. No pierdas el tiempo entonces. Sara, mi amiga llego a esa conclucion cuando eramos unas niñas y no hubo poder humano de hacerla cambiar de opinion, ni las monjas!

  3. Sara, la de los ojos negros y sonrisa fácil. Sara, la de piel de porcelana y pelo de ala de cuervo. Sara, la inteligente. Sara, la viajera. Sara, el cofre de mis secretos. Sara, la encantadora de serpientes. Sara, la geógrafa, la historiadora. Sara, mi amiga, mi hermana, mi confídente…

    Ayer celebro su cumpleaños, solo por eso compre un par de cupcakes de naranja y me senté a esperarla…

    Siempre estaremos juntas…

    1. Bueno, estas historias en particular son autobiograficas, de mi epoca de colegio. Pero si lees las demas historias te daras cuenta, que no, no le rezaba, sino le contaba cuentos.

      Gracias por la suerte y los besos, lo mismo para ti!

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