9 West & 53rd Street 1ra parte

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Allí esta de nuevo, falda negra por encima de la rodilla, blusa de seda blanca y el cabello recogido en una coleta. Se le nota cansada, lejana, tal ves melancólica. Toma el menú en sus manos, hace como que lo mira, pero puedo darme cuenta que en realidad algo la inquieta y no le permite concentrarse.

Le sienta bien el golpe de luz que entra a esta hora por el ventanal del comedor principal. Acostumbro al igual que ella sentarme en la misma mesa, desde esta esquina la puedo observar, sus movimientos, la forma en que el cabello le cae en la espalda, la servilleta reposando en sus muslos, el paseíllo de la punta de su lengua en los labios es un claro gesto de enfado cuando tarda la botella de agua mineral en llegar a su mesa. Sus dedos acariciando el pan recién horneado, dudando si probarlo o no.

Pero hoy la canastilla llevaba una selección de demi baguettes con barnizado y semillas, ella juega unos minutos con un par de semillas de ajonjolí que confitaron el mantel de su mesa, toma aire, suspira claramente ensimismada.

Hace quince días ella cruzo este comedor, el contoneo de sus caderas acaricio el filo de algunas de las mesas al tiempo que sus tacones cimbraron la duela.

No me vio, tardo días en mirarme, en notar mi presencia, primero fijo su mirada en mi aperitivo, mas tarde la descubrí atenta en la selección de mi vino.

Acomodo el puño de la camisa, toco el nudo de la corbata, como si se hubiera ido algún lado, deslizo mi mano por el cuerpo de la corbata hasta llegar a mi pierna, ahí me detengo, reacomodo de nuevo la servilleta en mis piernas, aguardo.

Atento, siempre atento a su selección, seguramente el día de hoy pedirá una copa de Piemonte, de aperitivo los higos marinados en balsámico con lajas de pato, no se lo comerá, jugara con el tenedor, moviendo los higos de un lado al otro del plato y por mera curiosidad probara el pato. Y seguirá con la mirada perdida en el ventanal que da al jardín, acariciando con su mirada las esculturas, mientras yo me la bebo entre sorbo y sorbo.

Mi sous chef se asoma desde la puerta que lleva a la cocina, nuestros ojos cómplices se encuentran, el me sonríe, regresa a la zona de combate y minutos mas tarde, sale una fragante y ligera sopa de hongos silvestres, eso es lo que ella necesita, una sopa tibia, que la reanime.

Ella observa el platillo que le ofrecen, argumenta que no fue lo que ella eligió, le informan que es una recomendación del chef. Lo mira detenidamente unos minutos, titubea, no le gusta que le impongan, pero finalmente acepta.

Toma la cuchara con la mano derecha y en un solo movimiento que va de adentro hacia fuera del plato llena la cuchara del tibio liquido y sin mover su rígida espalda, se dispone a paladearla.

Entonces las cerezas de sus labios se abren, la almohadilla del labio inferior acaricia el lomo de la cuchara, su boca se llena del tibio líquido, una gota se escapa por la comisura de sus labios y la rosada punta de su lengua la recoge de una sola pincelada.

La observo con la respiración entrecortada, una gota de cálido sudor recorre mi nuca, bebo de mi copa, sus ojos me miran de frente y columpian mi deseo en un pestañar.

Y se pierde de nuevo en las imágenes del jardín. Yo poso mi antojo una vez más en sus labios tibios, húmedos y me quedo un día más con la incertidumbre de no saber si volverá…

11 comentarios en “9 West & 53rd Street 1ra parte

  1. Hay historias que toman mucho tiempo en gestarse, que con el tiempo nos damos cuenta que merecen ser narradas.

    Si esta historia -en particular- lo traslada a recordar, y los recuerdos son fabulosos e intensos, estará de acuerdo conmigo, que lo menos que podía hacer era contarla, aun que le confieso algo: no he escrito aun el final…

  2. Ufff, mi estimada. ¡Que te digo! esperaré pacientemente la siguiente parte. -para que te miento, la verdad la esperaré con ansiedad jajaja.-

    Por cierto, has pensado incorporar el rollo legal de Creative Commons, digo por aquéllo de los fúsiles y los piratas.

    Excelente semana.

  3. Llevo un par de días dándole vueltas al relato y a fin de cuentas lo único que puedo decir es que me quedo con el sabor de boca de la sopa de hongos.
    Aunque preferiría que fuera crema de champiñones.
    Palomilla culinaria

  4. Pues gracias por dedicarle dias al relato, te recuerdo que es solo el primero de una serie, veremos que mas ocurre con esta historia.

    Hummmm a mi tambien me gusta la crema de champiñones

    Saludos,

  5. HEY QUERIA QUEDAR BIEN CON UNA ESCRITORA MUY FAMOSA QUE INSPIRA A UN IDIOTA QUE ESCRIBE COSAS SOBRE ALQUIMIAS Y OTRAS TONTERIAS QUE EL DICEN CUELLO O ALGO ASI…

    TOTAL, QUE QUERIA DECIRLE A ESA BRIDA LO BIEN QUE ESCRIES Y ZAZ…

    PURA MADRE… DONDE ANDAN TUS ESCRITOS DE LA PIRMERA FASE DE A PUNTA DE TURRON… Y EL DE ORO Y NO SE QUE COSAS DEL TORERO QUE ME GUSTA.

    CIAO, SALUDOS A MAYITA Y A DUNIA

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