Historias de Cacao I


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Cruzo la avenida corriendo, poco le importo el trafico, la lluvia y los inmensos tacones. Esquivo uno a uno los obstáculos, al llegar a la avenida central dio un salto como si fuera una gacela, la boca seca, el corazón desbocado, las piernas adoloridas por el trayecto, unos pasos antes de doblar la esquina, empujo por accidente a una señora que cargaba unas bolsas de mandado, por allá fueron a dar una par de naranjas, de reojo alcanzo a ver la cartera de blanquillos al estrellarse contra la acera, y brevemente retumbo en sus oídos una mentada de madre.

Jalo la puerta de cristal, los pasos resonaban sobre el mármol del lobby, corrió al ascensor, presiono el botón, unos minutos, no había respuesta, maldijo nuevamente al viejo elevador, miro el reloj, veinte minutos pasada la hora, de un vistazo busco las escaleras, y se lanzo sobre ellas.

Voló por los pisos, en momentos se sostuvo del pasamanos para no perder equilibrio, subió los escalones de dos en dos, de tres en dos, de tres en tres y antes de llegar al piso diez la respiración iba siendo mas trabajosa, le dolían los pulmones al respirar por la boca, la garganta seca, no pensaba en nada, solo en llegar unos pasos mas.

Finalmente lo logro, las manos le temblaban, busco en el enorme bolso las llaves, nada, se encontró con la cajetilla de cigarros, el encendedor, las gafas de sol, un labial de la temporada pasada, un mapa del ultimo viaje, una botella de agua, pero las malditas llaves no estaban por ningún lado.

Vacío el contenido del bolso en el suelo, lo esparció, busco con aparente calma el llavero con la inicial, nada.

Así en cuclillas como estaba, le retumbaba la cabeza, decidió tranquilizarse, respiro con calma, y exhalo con mas calma aun, se incorporo, se llevo las manos a la cintura en un gesto que ayudaba a la memoria y de pronto sintió el llavero clavarse en el hueso de la cadera, metió la mano derecha a la bolsa del abrigo y ahí estaban.

Nuevamente respiro, tomo con firmeza la llave, la introdujo en el cerrojo y abrió la puerta.

Dejo la bolsa y el abrigo en el recibidor, se soltó el pelo y brevemente se miro en el espejo, no había tiempo para reflexiones, así que siguió su camino por el amplio pasillo.

Se detuvo a contemplar su imagen, una sed crecía aun mas, sus ojos recorrieron su espalda, los brazos, el grueso cuello y la cabeza afeitada. Su corazón antes sereno sufrió un sobresalto, un paso mas y sus ojos se descansaron en su cintura en las firmes nalgas y en las bien formadas piernas.

Con un tono de voz irreconocible aun para ella lo saludo. Pero no obtuvo respuesta. El miro el reloj, treinta minutos después de la hora, metió ambas manos en las bolsas del pantalón y giro su cuerpo para encontrarse con ella.

Ella se perdió en el tono claro de sus ojos, los labios gruesos y el tono oscuro de su piel, justo cuando iba a disculparse por la tardanza, el reventó una bofetada en su mejilla y ella rodó al piso a tan solo unos centímetros del sofá de gamuza color chocolate.

Con la punta de la lengua lamió de un trazo el fino hilo de sangre que corría por la comisura, saboreo el tibio líquido, reconoció el sabor metálico y dulzón. Se incorporo lentamente y sin quitarle la vista de encima, apretó la quijada, cerro los puños y dio los dos pasos que la separaban de el.

Lo miro fijamente y abrió la mano derecha y ahora ella le reventó una bofetada que lo hizo tambalear. Su respiración se acelero, el la tomo de la muñeca y ella forcejeo brevemente hasta zafarse de nuevo y reventar una segunda bofetada mas en su rostro en busca de una reacción. El sonrío maliciosamente y con ambas manos le arranco la blusa, y la falda, ella lo insultaba y pretendía rehuir de las enormes manos de rosadas palmas. El acerco sus gruesos labios a sus senos y devoro violentamente sus aureolas, ella se retorcía de dolor y balbuceaba frases lastimosas. El mordía frenéticamente su piel, sentía el ir y venir de aquella lengua rasposa, estremecía la tibia humedad que iba dejando, reconocía el aliento, el vaho que se escapaba y que se anidaba en su cuello.

De un tirón brusco arranco las bragas de fino encaje y le dejo una dolorosa marca en la piel, el observo por unos segundos el pubis completamente depilado, lo miro con curiosidad, coloco la mano abierta sobre el, lo cubría por completo, le gustaba el contraste de su piel sobre la piel de ella, con las dos manos separo las piernas y pudo contemplar el tono rosado de los labios, los rozo levemente y ella dejo escapar un quejido, el sonrío una vez mas, y separo aun mas las piernas de manera que su enorme cuerpo tuviera cabida. Con las dos manos sostuvo las piernas separadas y fue acercando sus labios, ella sentía la proximidad, el calor y la tibia respiración, de un solo trazo recorrió con la lengua y ella sentía desfallecer, el giro la punta de su lengua frenéticamente y ella intento liberarse en repetidas ocasiones. Gritaba sin control, le pedía que parara pero el no lo hizo, y justo en el momento en que ella estuvo a punto de perderse en un grito de dolor y placer. El se detuvo y se alejo de ella.

Gradualmente volvió de ese estado de shock, la respiración fue encontrando su ritmo y la rabia de nuevo encontró en ella a su victima ideal.

Con las piernas aun temblorosas y con los zapatos puestos se levanto del sofá y camino hacia el. Cada paso acrecentaba su ira, cuando solo unos centímetros la separaban de el, con los puños cerrados lo golpeo por la espalda, el la tomo de las muñecas, la aventó contra el respaldo del sillón y la penetro por detrás.

Ella sintió que algo dentro se rompía, la partía en dos, se aferro al respaldo, cerro los ojos y puso su mente en blanco, para no intoxicarse del azufre de su humor que el emitía cuando estaba excitado.

La embestía con vigor ella conocía mejor que nadie la fortaleza de sus manos y la solidez de sus piernas así que al pensar en eso se tomaba con mayor fuerza del respaldo. Casi al llegar al final el la tomo con la mano izquierda de la cintura y con la derecha del cuello, la atrajo a el, le susurro unos palabras que ella no comprendió y exhalo un grito hasta caer vencido sobre ella.

Los dos cayeron al piso agotados, sudorosos las manos de ella lo buscaban tímidamente el voltio su cuerpo hacia ella, y la atrajo contra si. Ella hundió su rostro en su pecho, y beso los pequeños y oscuros pezones, el le regalo un beso en la frente y ella por primera vez reconoció un dejo de dulzura en ese gesto.

Poco a poco se fue acercando mas, termino de desabrochar la camisa metió sus manos como intentando alcanzarlo en un abrazo, sus manos entonces palparon en su espalda gruesos bordes, hundimientos, cicatrices, y partes suaves, lo miro a los ojos en busca de respuestas pero prefirió desnudarlo totalmente, el intento detenerla, no permitirle que lo viera así, pero ella firmemente retiro la camisa, lo giro y con asombro contemplo el doloroso mapa de marcas, laceraciones, heridas y cicatrices que delineaban una historia que ella a pesar del tiempo seguía sin conocer.

Vio por primera vez la hermosa tabla roca de ónix que era su espalda, dolorosamente desquebrajada por las heridas, beso dulcemente una a una y lamió otras. El temblaba con el contacto de la tibia lengua, ella fue acariciando, sanando con sus dedos las memorias que el cuerpo guarda, podía sentir el temblor de el, con sus labios siguió recorriendo sus brazos, su cuello, lo beso dulcemente, cerros sus parpados, beso la punto de su ancha nariz, rozo los gruesos labios, beso la frente, la firme quijada y antes de caer vencida por el cansancio, mordió levemente su barbilla.

Esa era siempre la señal de que la contienda había terminado, el la arropo en un abrazo y ella descanso su cabeza sobre su brazo, se arrullo con el ritmo pausado de su respiración y se quedo dormida imaginando que finalmente esa noche el le contaría como es que logro escapar de la plantación de cacao…

10 comentarios en “Historias de Cacao I

  1. Pues contigo eso ya es mucho decir. La ultima vez me dijiste que no sabias a donde te queria llevar con el texto.

    Espero que por lo menos hoy te hayas transportado a esa sala y a ese momento.

    un beso, feliz fin de semana!

  2. El texto esta muy bien trabajado pero la historia es aterradora, terrible, dolorosa, me revovió el estómago y me hizo cerrar los puños de rabia.
    Palomilla catártica

  3. Todas las historias tienen otro lado Palomilla, y en el caso del cacao no es la excepción.

    Te agradezco el comentario al texto, eres muy gentil conmigo, espero lograr lo mismo con el resto de historias que seguiran a la primera.

    Que tengas un lindisimo fin de semana!

  4. Supongo que si, supongo que todo llevado siempre a los extremos no es bueno. Pero tambien es bien cierto que hay parejas que se “aman” a su manera…

    Si la foto es buena…digamelo a mi!

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