Esta Ciudad…

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-Hace frío.-

Fue lo último que te escuche decir.

-Lo se.-

Y como en tantas otras ocasiones ni el frió ni la distancia, ni el tiempo me detuvieron para acudir a tu encuentro.

Basto una llamada, varios silencios y un te quiero ver. Basto este deseo de tocarnos de mirarnos a los ojos, de estar. Esta ciudad que no es tuya ni es mía nos arropa bajo un cielo estrellado y una pincelada de luna. Acudo nerviosa al encuentro, mis manos tiemblan al saberse cerca de ti, mi cuerpo entra en un estado de ansiedad al sentirte cerca.

Y me descubro perdida en las avenidas que recorro, cegada por las luces y los sonidos de esta ciudad. Camino lentamente al lugar de nuestra cita. Cuento mis pasos, mi respiración se agita me detengo, aspiro profundamente, exhalo, sigo mi camino. Eres tu ¿Quien más? Reconozco tu espalda a lo lejos, los hombros, los brazos y columpio mi mirada en tus manos. Veo tus piernas firmes y me detengo nuevamente para verte así, perdido en algún pensamiento, miras la hora, finalmente sientes mi mirada, giras tu cuerpo y estamos frente a frente.

Y hay un breve silencio interrumpido solo por el dialogo de nuestras miradas, yo doy un paso mas, me acerco a ti, tu me tomas de la cintura y el abrigo de tu abrazo sigue siendo el mismo, dulce, tibio, calido, el lugar perfecto.

Tus labios rozan levemente mis labios y me regalas un –¿que tal?-

Me encamino al lugar y me detienes suavemente, vuelvo la mirada a ti y me dices: –no, quiero llevarte a otro lugar- nos tomamos de la mano y en silencio caminamos a tu automóvil.

-¿tienes frío?-

Me vuelves a preguntar.

-¿a donde vamos?-

Te cuestiono, tú sonríes y guardas silencio, esa es mi respuesta.

Llegamos al edificio al que recientemente te has mudado, entramos en el ascensor hasta llegar al séptimo piso abres la puerta y me dices:

-Bienvenida-

Y mis ojos recorren cada rincón de tu espacio en cada objeto te puedo ver, tú me tomas nuevamente de la mano y caminamos al ventanal, desde ahí podemos observar la ciudad su enervarte caos, una sonrisa se dibuja en mis labios, tu te colocas detrás mío y siento tu abrazo completo, total, tu respiración tibia en mi cuello, tus labios buscando la suave curva de mi lóbulo, al contacto con tus labios mi piel responde, mi corazón se transforma en mil corazones.

Tus manos recorren mi cuerpo lentamente, lo reconocen, se preguntan –¿cuando fue la última vez que lo tocaron?- Tus manos suben y bajan recorren la espalda, las caderas, finalmente se posan en mis senos y ellos se abandonan inmediatamente, y en ese momento me entrego totalmente a ti, al recuerdo de hace meses, a las interminables noches de espera. Tus manos me van despojando suavemente, magistralmente, los botones de la blusa, la cremallera de mi falda que cae como un telón.

Y tu me retiras un poco de ti, me observas, sonríes, con la mano derecha recorres el liguero negro que sujeta la media a la mitad de mi muslo, tu dedo índice recorre la circunferencia y mi piel se eriza, despierta al roce de tus dedos, el primer quejido de la noche se escapa de mis labios.

Siento tu rostro cerca, puedo percibir tu respiración, el húmedo vaho que escapa de tu boca, pero te detienes, estos juegos siempre te han gustado.Te incorporas, te acercas en lo que imagine seria un beso apasionado, me aproximo, preparo mis labios, cierro mis ojos, mi corazón a pleno galope, de nuevo, solo el roce, te retiras y te veo desaparecer por el pasillo.

Mi mirada perdida te sigue, me detengo un minuto en espera de tu regreso, pero el tiempo pasa y solo escucho una melodía suave que surge de una de las habitaciones. Camino hacia allá, la puerta semiabierta, la habitación iluminada por velas, la cama blanca y mullida cubierta de pétalos de rosas blancas.

Te acercas a mi, tus pasos son lentos, soy una presa tuya, soy una victima perfecta, me clavas la mira, sigo paralizada ante ti.

Observo la transformación que en ti se va gestando, hay un toro atrapado en ti, lo veo crecer, pitones afilados, todo tu eres un puñal redondo que me apunta, un punta de lanza en mi dirección. Yo te miro de frente, nos medimos en esta faena del amor.

Me dejo caer en la cama, me cubro el cuerpo con los pétalos, te invito, tú me tomas suavemente, besos tibios, que suben por mis muslos, yo acaricio tu cabello, tú lames mis rodillas de leche de almendras, yo bebo de tus ojos el deseo contenido de los dos. Subes dulcemente por mi vientre, te detienes en mis senos, recorres mi cuello, y mis brazos te arropan, y en un descuido, te tomo firmemente de los brazos, te giro en tu Ecuador y me monto sobre ti, te embisto con la fuerza de este deseo acumulado, mis rosados labios se devoran el Todo y la humedad de mis labios lo reciben, firme, erguido.

Mi cadera es un péndulo, y siento la tensión de tus piernas, siento dentro de mi tu acelerado corazón, y tu te dejas vencer por el momento, te entregas a mi sin poner resistencia, acaricio tu rostro, tus labios, tu hermosa frente, me acerco a ti, te susurro al oído, pero tu no escuchas, estas perdido, mi cuerpo cubierto de minúsculas gotas de sudor. Te tomo de las manos y entrelazamos nuestros dedos, y con la fuerza del momento estallas en un grito que se encuentra con el eco del mío y caemos desfallecidos, reposo sobre tu pecho, reconozco el dulce bombeo de tu corazón, beso tu pecho húmedo. Y nos quedamos así siendo uno solo.

Afuera esta ciudad que es cómplice, esta ciudad que sigue sin ser tuya o mía, pero que nos pertenece, pues ella guarda los momentos que hemos compartido.

Me envuelvo en la sabana, camino al ventanal y veo el ascenso del sol. Tú duermes serenamente, tu respiración pausada, tranquila, mis ojos te recorren sin prisa, se llenan de ti, de tus formas, del tono de tu hermosa piel, se detienen en tus manos, recorren tus labios y nuevamente siento hambre de ti, así que encamino mis pasos a tu cuerpo tendido. Esta vez te sorprendo con tibios besos en los tobillos y el recorrido húmedo de mi lengua que te da los buenos días…

8 comentarios en “Esta Ciudad…

  1. Ciudades que no tienen pertenencia, lugares que se quedan marcados por el recuerdo, y que te llevas por siempre en la memoria.

    Cumplio con su amenaza señorita Ledezma, un texto para andarse con precaución, que se vive intenso.

  2. Vaya que encuentros con las letras, mis pupilas se dilatan con el color de las frases.
    Y todo eso sucedió por que hacer frio, a fin de cuentas el clima fue el único culpable de todo.
    Palomilla sonrojada

  3. ¿Ciudad cómplice? Caramba… yo espero que toda esta ciudad jamás se entere de todo lo que hago en ella.

    Me quedó una incomodidad con tu texto ¿a dónde me quisiste llevar con él?

  4. Dwight Hartigan,

    Asi es hay lugares que nos marcan con el recuerdo, y volver a ellos es revivir esos momentos. Afortunadamente las memorias en esta ciudad en particular son deliciosas.

    Y eso de la amenaza…pues la verdad Caballero no fue tal, o usted lo vio asi? espero que no!

    Es como siempre grato saberlo por esta casa.

  5. Mi querida Palomilla Sonrojada,

    Como ves aqui la idea es encontrar un culpable a quien señalar, en esta ocasion el frio jugo un papel clave sin duda. Pero no descartes tambien el deseo enorme de ver y estar ademas de sentir al ser amado. Es ese deseo al final de cuentas el verdadero culpable de todo…

    Saludos friolentos,

  6. Te quedo una incomodidad con mi texto? pues no se que decirte al respecto? posiblemente no te queria llevar a ningun lado…

    Si, esta Ciudad por lo menos de la que yo hablo, si es complice, y solo por eso, me une a ella un profundo amor.

    Gracias por su visita Sr. Durán!

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