Me & Mrs. Jones…

Cualquiera pensaría que esta rutina diaria es un fastidio. Metido ocho o más horas dentro de este elevador, subiendo, bajando los veinte y cinco pisos que hay hasta llegar al PH y de nuevo descender.

Estas paredes reducidas, herméticas, aburridas sin duda para muchos y pasadas de moda para otros. Sin embargo disfruto el ritmo pausado del elevador, el ronroneo de su motor del siglo pasado sus cables gruesos, cansados.

Me sienta bien el viejo olor a madera y por que no decirlo encuentro confort en sus paredes talladas y en la caja de control de dos hileras de botones indicando cada piso.

Si, me gusta, me gusta mucho este trabajo, me sienta este uniforme de lana color verde oscuro y botones dorados y gastados, me gustan los guantes blancos y los zapatos negros. Me gusta verme en el espejo del lobby acomodar mi cabello, acomodar el cuello blanco de la camisa, jalar los puños de la manga para que solo sobresalga una media pulgada y contrasten con el negro de mi piel.

Me gusta el ajetreo de las siete de la mañana cuando el ascensor sube, baja, nos detenemos primero en el 5to piso, subimos por los niños al 7mo y bajamos a toda prisa y de nuevo subimos de un tirón al piso 10mo, dos mas al 12vo y cuatro mas al 16vo y bajamos de nuevo. Y así todo el día entre buenos días, buenas tardes hasta llegar a las buenas noches.

Si, es una rutina.

Pero todo cambia al diez para las seis de la tarde. Mi corazón sin ver el reloj sufre un mini ataque, la sangre en mis venas se adelgaza, mis manos tiemblan y mi frente se cubre de sudor.

Entro al elevador y presiono con firmeza el botón  PH y ascendemos, pesadamente jalados por esos cables oxidados, subimos mi deseo y yo. Y a las seis en punto las puertas se abren y ella esta parada frente al elevador con una mano sosteniendo el enorme bolso de charol negro y con la otra el abrigo. Yo le saludo con el mismo nerviosismo de otras tardes, bajo la mirada para evitar el contacto con sus ojos, balbuceo un:  Buena tarde.

Yo y Mrs. Jones descendemos silenciosos hasta el recibidor del edificio. Ella como siempre vestirá de negro, inundara este espacio con la fragancia de cerezas y vainilla de su perfume, mirara fijamente la nada con la espalda recta y los hombros hacia tras.

Dos minutos más tarde las puertas se abren y escucho su voz desearme una buena tarde y su espalda se aleja, me deja una estela fragante que me acaricia la nuca y recorre mi cuello tenso.

Entonces salgo por unos minutos del elevador camino a las puertas de la entrada, cruzo la puerta de cristal, la contemplo, como se va alejando por la acera, veo de nuevo su espalda, las piernas bien formadas, el vaivén de sus caderas, la cintura y los brazos que se balancean rítmicamente. Se detiene en la esquina de la calle 90ta, para un taxi y se pierde en la ciudad.

Entonces yo saco un cigarrillo del bolso de mi saco, lo enciendo, cierro los ojos y la veo de nuevo…

Mrs. Jones no es una jovencita como las chicas de mi barrio que visten vaqueros apretados, camisetas que dejan las tetas por fuera y zapatos baratos.

No, ella viste siempre de negro, zapatos altos con tacón delgado, medias de color ala de mosca y una línea que baja desde sus bien formadas nalgas sigue por toda la pierna hasta lamer el final de su pantorrilla.

No usa escotes que me permita ver de reojo el tono pálido de su piel pero ni falta hace, conozco bien su cuerpo, se que sus senos no tienen la misma firmeza de los veinte años y sus ojos tienen las líneas diminutas que solo se acentúan cuando ella sonríe, se perfectamente que su cabello no es tan negro y que cada mes lo tiñe puntualmente en el salón.

Pero Mrs. Jones tiene los labios de una adolescente, sus labios siguen siendo carnosos, inflamados como si los hubieran mordido por días y su piel es suave, dulce de un tono uniforme, y su cabellera es una cortina pesada que cae por su espalda y su cuello largo lo viste siempre de perlas.

Su voz es firme y al pronunciar las erres hay un ronroneo y se me antoja tener otro nombre ser un Robert o un Rob o un Rupert con tal de escucharla.

Pero son sus ojos los que no puedo mirar, por que cuando mis ojos se topan con el avellana de sus ojos y nos miramos y admiro el arco de sus bien delineadas cejas y el gruesor de sus largas pestañas comienzo a tartamudear y ella se pega mas a la pared del lado derecho, apresura su salida y olvida decirme adiós…

Y camino por la noche rumbo a mi apartamento pensando en ella, soñado con ella y buscando el motivo que me permita acercarme a ella, un lunes que vuelva por la noche del cine con esa mirada enamorada que le provocan las comedias románticas.

O un martes tomarla del brazo y caminar unas cuadras a Central Park hasta que la luna nos sorprenda y yo la bese bajo uno de los puentes y un vientecillo le erice la piel.

O quizá un miércoles después de la opera cuando vuelve cansada y con frío, o un jueves invitarle un café antes de entrar a un musical.

Mejor aun un viernes. Cuando llega Son-Kim el coreano de la Calle 80 con su despensa y dentro viene la botella de Bordeaux de etiqueta dorada y el ramo de rosas blancas. Y yo tomo sus bolsas y subo temblando, las puertas se abren, doy un paso y dejo las bolsas de papel a un lado, toco el timbre y con la mano derecha sostengo el ramo de rosas blancas como si fueran de mi parte. Y ella abre la puerta, me recibe en esa bata de seda negra y zapatillas altas de color negro y su sonrisa ilumina la estancia y me invita a pasar y me agradece que le lleve las bolsas hasta la mesa al centro de la cocina. Y siento sus pasos ligeros caminando detrás de mí en silencio.

Entonces me giro en mis talones, le entrego las flores con una sonrisa y ella las toma, se sonroja y las huele, sonríe una vez más y me regala el brillo de sus ojos.

Y lentamente me acerco un poco mas a ella y le retiro las rosas de las manos, las coloco sobre la mesa y la tomo de las caderas y la acerco a mi, lo suficiente para que ella sienta la erección que me provoca su proximidad y ella coloca sus manos sobre mis brazos y es en ese momento cuando se que la debo besar y mis gruesos labios cubren en su totalidad sus labios y mi lengua la recorre como si fuera la primera vez y delinea el domo de su paladar,  siento la rigidez de sus pezones rosados al centro de mi pecho, la tomo con fuerza y sus piernas se enlazan en mi cadera y camino con ella anclada en mi, hasta que llegamos de nuevo al ascensor y ella saca la llave de la bolsa izquierda de mi saco y abre las puertas, entramos enredados aun, y a tientas ella coloca la llave de seguro en el elevador y que de esa forma no pueda ser utilizado.

Y me mira maliciosamente Mrs. Jones. Yo abro el nudo de su bata y descubro sus hombros desnudos y el escote en V de encaje francés en color rojo y la falda negra en tres gajos que me permite tocarla, y ella finge un forcejo, entonces yo la tomo de un brazo y la someto contra la pared y ella se sostiene del pasamanos de cobre mientras yo abro desesperadamente la cremallera de mi pantalón y mi erección roza sus piernas y ella gime, roza los redondos glúteos y ella gime aun mas, entonces descubro su grupa y me deslumbro del pálido tono de sus nalgas, de la redondez y su suavidad y antes de penetrarla. La tomo con fuerza del cuello y me acerco a ella y le digo un sinfín de obscenidades y ella cierra los ojos y separa aun mas las piernas y finge que la tomo a la fuerza y sin su consentimiento, me insulta e insulta  mi pene erecto, se burla de el. Y así es como me enciendo a un mas y la penetro con fuerza, sin amor y sin palabras dulces, sin ternura y sin besos tibios, la penetro con firmeza, brutalmente hasta que ella gime y suplica y siento vaciarme entre sus piernas y una línea de tibio semen recorre su entre pierna y caigo vencido sobre su espalda. Finalmente descanso mi rostro sobre ella y mi oído se arrulla con el ritmo acelerado de su corazón.

Es entonces cuando la tomo entre mis brazos y aun temblando la sostengo, camino de nuevo a su casa y ella esconde su rostro en la oscuridad de mi pecho, se abraza a mi cuello como una colegiala y me inventa mil nombres, todos ellos con erres y sonrío, le beso la frente aun humedecida por un ligero sudor.

Y llegamos a su recamara la coloco en su cama, y ella se hunde entre mullidos edredones de algodón, recuesto su hermoso cuerpo de tibias y maduras carnes y ella me mira ahora si con dulzura ahora si con amor, y es entonces que yo retiro un mechón de su negro cabello de sus ojos y repaso con mi lengua las tenues líneas de su frente y ella asegura que las he ido borrando. Los minutos transcurren y ella duerme placida entre mis brazos y antes de partir le beso los labios, le beso los parpados y le susurro al oído algo.

Regreso al ascensor retiro la llave, cierro los botones de mi saco, cierro mi pantalón y acomodo el puño blanco de mi camisa. Desciendo y son las once menos cinco, las puertas se abren y El esta parado esperando el ascensor, me saluda, me pregunta como fue mi día y guardamos silencio por ahí del 5to piso.

Antes de que las puertas se abran lo miro de frente nos sonreímos y le deseo:  Buenas noches Mr. Jones…

10 comentarios en “Me & Mrs. Jones…

  1. Pues encantador texto, no me hubiera imaginado que trabajar en el elevador fuera tan “interesante”. Ni que tanta pasión pudiera estar contenida dentro de esas cuatro paredes metálicas esperando el momento justo para desatarse como vendaval. Pero definitivamente estos textos no son para leerse a primera hora del día.
    Palomilla Volando a Kansas como Dorothy

  2. Mi querida Fab, en mi cabeza todos los elevadores son un transporte a la imaginación y a la pasión. Lo unico que me hacia falta era la oportunidad de compartir esta historias.

    Y were are not in Kansas any more…

    Estimado Dwight, Bienvenido! celebro que le haya gustado la historia, y si esta es motivo de inspiración, pues que mejor! Y si de sensaciones se trata le recomiendo el elevador porfiriano del Gran Hotel de la Ciudad de México. Uffff!

    Marvin, jajajajaja asi que no soy para las primaras horas del día? vaya, ahora resulta que tendré que colocarle a los textos una advertencia? Creí que ya estabas acostumbrado…

  3. Caray Abogada sera que tengo que ponerle una advertencia a los textos? No, la verdad justamente eso es lo que busco.

    Gracias por tu comentario, la verdad yo tambien extrañaba escribir, y ahora que pasaron las fiestas y los cambios de domicilio pues hemos regresado a las andadas…

  4. Si, Beatriz, si. Aquí unas sugerencias de advertencia:

    NSFW: Not safe for work.
    DCF: Drink coffee first.
    DRWN: Don’t read while naked.

    Cosas así que lo ponga a uno sobre aviso, carajo.

  5. Sr. Durán.

    Tomo nota de sus comentarios y a la de YA lo consulto con el bufete juridico.

    (usted entiende que no voy a subir advertencias así nomás sin asesoria legal verdad?)

  6. Bueno, el que se sube a la montaña rusa ya sabe a que le apuesta no???

    Yo solo prevendría cualquier asunto de malestar físicio (mareos, taquicardias, sofocamientos, cosas así).

    De ahi en fuera, siga vertiendo inspiración sin piedad para el que lo lea!!

  7. Siendo así resulta oportuno notificar a mis fieles lectores (as) que todos los VIERNES a partir de la semana entrante se subira un texto nuevo.

    Por lo que les recomiendo tener a la mano los remedios necesarios según el caso.

    Los demás días de la semana tambien apareceran post en otras secciones, pero los cuentos solo los viernes.

    Así que sobre aviso NO HAY ENGAÑO!

    Felíz fin de semana a todos (as)

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