De la Cintura para Abajo

Soy yo la persona que ustedes buscan. Lamento mucho que hayan batallado tanto en dar conmigo. ¿Cómo iban a saber ustedes que aquí me dicen “El Güerito”?

Pasa que ahora sólo me queda el apodo; aquí tarde que temprano uno va tomando color. Yo llegué al puerto en el 37’, tenía 22 años y ya sabía cortar pantalones. Aunque no era buen saquero; un buen saquero se nota en el corte impecable de los hombros.

Sabe usted, cuando la manga hace como un fruncidito quiere decir que no le hizo suficiente ropa, además, pasó mucho tiempo para yo terminara un saco el mismo día. Sin embargo, no lo quiero cansar con mis explicaciones. Usted quiere saber cómo conocí a mi General, ¿verdad? Como ya le dije yo era pantalonero y mi General supo de mí por pura casualidad; en ese entonces era ayudante de don Samuel, un judío que tenía su sastrería justo frente al café “El Portal”. Yo creo que fue ahí, en el café, donde le hablaron de mí y luego mi General sólo dijo: “Pues traigan al Güerito, a ver si es tan chingón como dicen”.

Mi General siempre tuvo fama de ser un hombrón, pero le voy a decir algo, tenía sólo 12 pulgadas de tiro…

Sí, sí, disculpe usted, me volví a salir del tema. Es verdad que a todos lados iba con mi General, pero no como confidente como todos creen. Mi General casi no hablaba, era lo que se dice, muy arisco. Durante 20 años que fui su sastre sólo me decía lo mismo: “¡Ah! qué Güerito éste tan pendejo, por eso no has pasado de la cintura conmigo”.

Los pantalones de montar eran de lana con entrepiernas de piel de borrego y lo pantalones del diario de fino casimir inglés con 1 1/2 pulgada de más en la cintura para la 38. Le explico todo esto porque es importante. El día que mataron a mi General andaba armado. Lo sé yo que en todo este tiempo nunca lo vi sin “La Cariñosa” como le llamaba a su pistola y lo sé también porque yo estaba ahí tras el sillón buscando la aguja que se me cayó, y fue cuando se abrió la puerta y entró mi mujer a reclamarle, cómo le diré… Cosas de dos. Y yo ahí con la aguja en la mano oyendo cómo mi General sí pasó más allá de la cintura de mi mujer.

Y de nada le sirvió tener “La Cariñosa” pues no traía los pantalones puestos y lo agarré así, de espaldas, y le vacié 6 tiros.

Lo malo fue que ya no tuvo aliento para escuchar que no me dolía la mujer, ni la confianza, ni la dizque amistad, sino que nunca entendió que a un hombre no se le mide de la cintura para abajo.

tomado del libro: De La Cintura Para Abajo y Otros Relatos

2 comentarios en “De la Cintura para Abajo

  1. Beatriz:

    Este cuento siempre me ha gustado… desde “endenantes”, cuando el guerito hacia uso de su ahuja para depachar al malvado, en aquellos años de la Sogem. Pero los 6 tiros funcionan: el general igual se “la pelo” al tan platicador sastre.

    Tus textos siempre ha tenido esa fuerza narrativa que llega. Me alegro de haberte encontrado de nuevo.

    Saludos
    El Jelipe

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