Pasaran los dias

Se va fundiendo la noche y tú parado frente a la ventana aguardas algún presagio.
-Tienen que pasar los días-
Fue lo único que dijiste, y yo guarde silencio sin saber que agregar a tu comentario. Pasaran los días me dije, y lo dijo mi corazón y lo dijo mi lengua quedamente para que solo yo escuchara.
Pasara el cuarto y el quinto día y desde la ventana veremos llegar la plaga de Cuetzpallies trepar por las paredes de este templo en busca de la sombra y del fresco alivio del interior donde tu y yo permanecemos. Y tras ellas llegara también la calamidad arrastrando su largo cuerpo, vendrán en cientos y tu me corriges.
-Serán miles-
Y mis ojos se agrandan y mi boca se seca y mi corazón sufre palpitaciones y busco tu espalda para resguardarme de este quinto día que supone ser el mas largo de todos.
Nunca haz comido carne de coatl y no la comerás y yo, no la comeré mientras permanezca a tu lado y es por eso que tenemos que resguardarnos de ellas.
Afuera todo esta silencio, los animales y las aves se han ido de este lugar, no querían ser devorados, los pequeños ratones y las ardillas fueron los primeros en salir huyendo, los cuervos obscurecieron el cielo cuando sobrevolaron en cientos de parvadas y el ultimo de los quetzales titubeo antes de abandonar el nido.
-Pasaran los días-
Volviste a decir, y la frase se venia haciendo cada vez mas corta y el sol venia realizando su descenso y pinto brevemente las copas de los árboles de un doloroso dorado.
Solo los insectos y sus larvas se quedaron para alimentarnos, en el negro comal tronaron las panzas abultadas de los chapulines y de las xauis, en aromáticas tortillas de maíz envolvimos escamoles y jumiles que aderezamos con salsa roja y verde, también me serviste unas gorditas copetudas de ahuahutle y fríjol bayo.
Por ultimo nos refrescamos con un vaso de nieve de leche de cabra endulzada con miel y pétalos de violetas, a la que adornaste con una mariposa monarca que movía sus alas en cámara lenta como si estuviera hipnotizada, aguardando el final del Miquiztli o el sexto día. Tus manos entonces me encontraron afanada en la mesa de preparación tratando de moderar una orquesta de chapulines que brincaban incesantemente en la placa de talavera, tus manos tibias recorrieron mis hombros me jalaron suavemente hacia ti y estando mi espalda recargada en tu pecho sentí como tus manos hábilmente fueron liberándome primero de un botón y mas tarde de la cremallera.
Tu mano derecha anduvo el camino tantas veces recorrido de oscuro pelambre y tu dedo anular se hundió en la tibia humedad de rojísimos labios y era tu mano izquierda un aguijón que me paralizaba.
Me diste un beso largo y perfumado de cardamomo en el cuello y finalmente me susurraste al oído lo que habíamos aguardado durante estos días de encierro y pesadumbre.
-Asómate por la ventana-
Una bruma densa y pesada se revolvía bajo las copas de los árboles y de entre ella, cortando a filo de machete asomo la húmeda punta de su nariz el Mazatl y piso firme el musgo verdoso que nace en la puerta y dejo la huella efímera de vaho que sale de la chimenea de su nariz en una ventana.
Y tu volviste a la cocina y el ruido habitual de las ollas y las sartenes llenaron esta tu casa y poco a poco fue tomando vida el fogón de carbón y el nixtamal iniciaba el primer hervor del día y una gallo distraído canto siete veces y tu me miras de reojo y sonríes y me das los buenos días.

Beatrix

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