Danzón numero 2

Si lo tuyo y lo mío no fuera la cocina, te invitaría a bailar un danzón.
Verte vestido con guayabera blanca en vez de la tradicional chaqueta de botones ribeteados y manga estilo mandarín.
Yo te sorprendería con un par de zapatillas rojas de tacón corrido y lazos en los tobillos de satín.
Si no fuera por este gusto arraigado que compartimos por las mezclas, los betunes y el chocolate, te retaría a dar unos pasos al centro, al frente, al la izquierda y a la derecha sin salirnos del mismo cuadro.
Tú dejarías a un lado el batidor y tus manos me tomarían de la cintura y mis manos encontrarían su descanso sobre tus hombros. Y acompasados, al ritmo de los acordes yo me embriagaría de tu olor y tu sudor, a cambio, te regalaría la fricción de mi cuerpo en cada movimiento y un par de risas nerviositas.
Tengo ya tiempo que siento el roce accidental de tus manos en las mías, cuando incorporamos las mezclas a la hora de hornear, o cuando tus dedos me dan a probar un poco de betún o chocolate, hace ya algunos meses que tus pies le marcan el ritmo a mis pasos que sin perderte de vista te siguen por los rincones de esta cocina.
Ven acércame tu mirada, clavalá a la altura de mis ojos y sin decir palabra hazme girar frente a los hornos de arcilla y las hornillas de carbón, tómame con firmeza de las caderas y hazme sentir las notas altas de la melodía en cada paso que me vayas indicando.
Y siento tus manos posadas sobre mis hombros, mi respiración se agita y transpiro, ¿lo notas? Y tu aliento en una lengüeteada de fuego en la parte mas noble del lóbulo de mi oreja y tu voz llega de lejos, arrastrando los acordes de un danzón que bien podría ser el numero dos.
-Estás distraída, tienes que concentrarte en el punto exacto del azúcar-
Te veo alejarte de mi, tu espalda, tu nobles hombros y tus piernas me tientan a dar unos pasitos mas, arrastrar tan siquiera un poco la punta de mis zapatillas, a girar tan solo un poco las caderas y a desearte un mucho en esta tarde tropical.
Y conforme te me pierdes en una nube de azúcar yo contoneo mi cuerpo siguiendo las figuras caprichosas de humo del tabaco y los acordes que llegan del interior de una botella de ron.

Beatrix

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