Dime por que vuelves

-¿Dime por que vuelves?- Es tarde, además la comida picante nunca te ha gustado. Miras sobre mi hombro, observas con desdén las burbujas de aceite que suben a la superficie de la sartén. Puedo sentir tu descontento, no dices nada, solo observas y callas. Me impacienta tu actitud te pido que te vayas a sentar a la mesa, te ruego, sin tu saberlo que alejes tu cuerpo del mío, me pregunto una y otra vez el por que no estoy precisamente ese día tatemando chiles. La fragancia del chile invadiría los rincones más secretos de mi cocina y me resultaría imposible percibir ti olor.
A mi me gusta el sabor agridulce del tomatillo, me gusta mas cuando acitróno la cebolla en el aceite de oliva y el ajo, el olor entonces te despierta los sentidos y el esmeralda de la salsa despierta ansias en mi boca. Junto a mis ansias me llegan tus palabras.
-¿no te cansas de vivir en el pasado?-
Yo me contengo y bajo el fuego a la hornilla.
-¿a quien le importa comer esa porquería?-
Yo rompo una de mis reglas y tomo uno de tus cigarrillos baratos que tanto detesto, me siento a fumarlo mientras leo en ti, lo que en realidad me estas tratando de decir.
Para ti hay sabores, olores que te traen dolor. La ultima vez que estuviste por aquí te pedí que cerraras los ojos, te di a probar un poco de crema agria, no quisiste abrir los ojos, aun cerrados las lagrimas escapaban de ellos; fue entonces que supe que no volverías mas por acá. Me equivoque, volviste y haz vuelto en repetidas ocasiones siempre en busca del sabor perdido, de la sazón añorada. Una noche mientras dormía sentí como la aspereza de tu pulgar cubrió de orégano la aureola de mis senos, te acomodaste a un costado de mi cuerpo y te quedaste dormido mientras te amamantabas de la pujante fragancia y yo fingía dormir.
Estoy por terminar el cigarro, me levanto la falda a la altura de las rodillas y estas las abro para dar paso a tu cuerpo, te extiendo los brazos, los sostengo así el tiempo que sea necesario. Tu terminas cediendo, te tomo entre mis brazos y eres entonces un topo desvalido, un huérfano en medio del pueblo calcinado, un naufrago aferrado al pedazo de madera, un hijo extraviado de la patria.
Y entonces el confort se encuentra en la punta de mi índice coronado de salsa borracha, tus labios abiertos balbucean incoherencias, yo acaricio tu hermosa frente y recojo una a una las lágrimas que se te escapan.
Esta por llegar la noche, tu cuerpo sobre el mío pesa milenios, aspiro por ultima vez el fresco olor que dejaron dos hojas de hierbabuena en tu sien y me pierdo en algún pasaje de tus sueños.

Beatrix

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