La magia viene envuelta en papel encerado

Tú no juegas limpio. Cuando me anunciaste que tenias una sorpresa el azul de tus ojos brillo de manera especial.
-Te tengo una sorpresa-
Y mi corazón fue un mono araña en medio de la selva, mis ojos siguieron detenidamente tus movimientos, mis oídos alertas a cualquier sonido inusual.
La magia viene envuelta en papel encerado, es volátil y tiene el corazón estrellado en millones de fragmentos, huele a ti (pensé).
-pruébalo, el mas fino oro para ti, para que trabajes con el, para que lo transformes en nubes o merengues, sorpréndeme-.
Ochenta y dos por ciento del más puro cacao resplandecía en contraste con el pálido blanco del envoltorio, lo llevaste a la altura de mi nariz y la fragancia al igual que tu sonrisa me intoxicó.
Esa noche tus manos y las mías trabajaron con el, luchamos con su temperamento me cubrí de el y no hubo un centímetro de mi piel que no quedara salpicada de polvo de oro.
-siete claras de huevo y tres cuartas partes de café recién colado, mezcla el resto de los ingredientes secos y los incorporas a tus líquidos-.
La mezcla en cuestión producirá una ligera nube que se extiende sobre un molde de metal, 350 grados por doce minutos y una vez que se enfrié lo removeré del molde y cortare pequeñas circunferencias. Tu mano entonces tomo la mía y la hizo girar en noventa grados a la derecha y a la izquierda, después sosteniendo aun mi mano levantaste el molde para liberar la almohadilla del mas oscuro café.
-¿que vas hacer con ella?-
Me preguntaste lleno de curiosidad, entonces me acerque a tu oído y te susurre:
-pondré a derretir en baño Maria veinte gramos de chocolate, cuando este derretido lo dejare reposar a temperatura ambiente, a continuación batiré doce claras de huevo a velocidad media por unos tres minutos, después de manera lenta incorporare el azúcar y una vez que este a punto de turrón, mezclare con la mano el ganache hasta lograr un mousse casi etéreo que sea como un beso en tus labios.-
El resto de la noche te quedaste a mi lado hipnotizado por el ir y venir de mis manos, y en busca de la perfección aprovechaste mas de un pretexto para tomar mi mano derecha y guiarla mientras manipulaba la espátula al tratar de nivelar los moldes.
Al final de la noche te entregue una serie de cilindros del más volátil y puro chocolate, logre arrancarte esa noche un gesto de aprobación.
El reloj marcaba las diez y cuarenta y cinco minutos, preparaba mi equipo para retirarme trate de limpiar lo que sin duda había sido una lucha a dos cuerpos con el mas fino de los chocolates, las piernas y los brazos me dolían, me dolía la prueba y me dolía aun mas no estar convencida de ser la vencedora. Cuando estaba por abandonar el aula busque tu mirada para decirte adiós, tu te acercaste a mi y con la mano izquierda sacudiste de manera inútil el cacao acumulado en la manga de mi saco.
-debí advertirte lo siento, debí decirte que no era fácil de trabajar, que se esparce por todos lados, que su grado de pureza es mucho mas alto que cualquier otro con la que hayas trabajado en el pasado, que revisaras el porcentaje de azúcar, que estuvieras atenta a su temperamento-.
Me aleje sin decirte nada las palabras salían sobrando además la lección estaba asimilada: el alquimista de ojos azules no juega limpio.

Beatrix

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