Con mariposas en la panza

Con mariposas en la panza. Así es como me sentía mientras corría como una loca por el estacionamiento de la escuela debido a mi retrazo. Al abrir la puerta el chef F me dio la bienvenida y me ofreció la mano.

-Perdón se me hizo tarde, creí que no alcanzaría a llegar, otro semestre no podría-…

Shishhh, me cayo de manera suave, -ya estas aquí-

Sin embargo insistí; -si pero es que el semestre pasad-…

Me vuelve a interrumpir y me dice:

-El semestre pasado ya paso, ahora estas aquí, así que bienvenida-

Azules. Tiene los ojos azules y el rostro delgado, habla muy despacio, si su voz fuera un postre el seria un mousses de moras blancas y licor.

Ni él mismo entiende la popularidad de su clase, le sorprende tener un salón abarrotado y tener que disculparse con todas las personas que no pudieron quedarse este semestre.

Se olvida de la brillante carrera y el esplendido currículo, de los restaurantes en los que ha trabajado y que le han ganado fama internacional.

Justo como lo describí hace unos meses, el es un chef joven y tiene la pinta de todo menos de ser un chef de repostería.

Me concentro en observarlo, mido sus palabras y sigo de cerca el movimiento tímido de sus ojos, hace una pausa y se pierde en el recuerdo de algo, cuando vuelve a tiempo y espacio se afana en hablarnos de su profundo deseo de enseñarnos el arte de la repostería fina.

-Elaboraremos pequeños bocadillos, no esperen de mi panecillos ni pasteles; salsas y mousses, trabajo delicado de azúcar, eso es lo que aquí vamos hacer-.

Al final de la mesa siete un grupo de jovencitas se cuchichean mientras miran de reojo al maestro, él lo nota y apenado se refugia en la pizarra blanca, mira su reloj y nos dice que podemos retirarnos que nos espera la semana que entra con el uniforme limpio, el pelo recogido y usando el gorro. Un gran barullo se forma mientras todos toman sus cosas y se machan, de un grupo de estudiantes asoma su cabeza y en tono firme nos amenaza.

-No quiero a nadie usando perfume ni loción en mi clase, es burdo e inconsiderado, pero sobre todo estropea los sentidos-.

Tomo con lentitud mis cosas, en realidad estoy ganando tiempo para acercarme a él y poder despedirme, me aproximo de manera lenta y casi imperceptible con pies de gato, me coloco a su lado y le clavo la mirada en el cuello, espero.

-Cinco segundos, te tomo cinco segundo embriagarte del anís de mi perfume, volteaste como si supieras de toda la vida que estaba allí aguardándote, y con una sonrisa me dijiste:

-Nos vemos la semana que entra-

Yo te extendí la mano derecha y te estreche la mano el tiempo necesario para dejarte el aroma de mi perfume en ella.

Después de todo esta será mi única oportunidad de estropearte los sentidos…

Beatrix

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