De regreso a casa

Esta ciudad te hubiera gustado Dunia. Esta será la primera Navidad que tú y yo estemos separadas, se que con quien estas te encuentras bien y segura, incluso estas en mejores manos que conmigo. El día de ayer salí a pasear a la ciudad ya entrada la tarde, durante el día estuvo lloviendo mucho, tú nunca haz visto llover así, una cortina de miles de gotas caían con furia, observe la rabia del cielo recostada en un sillón, pretendía leer, pero mi pensamiento regresaba una y otra vez a ti. Acá hace frío, un frío que a ti te disgusta. Lo que tú no sabes es que por acá nieva, la nieve Dunia; es esa agua congelada con sabor y azúcar que tanto te gusta, pero está cubre las calles, los automóviles y las casas. A ti caminar sobre ella te hubiera congelado las patitas, además de que estarías muerta del frío. El frío Dunia de por acá tampoco seria algo que te llenara de felicidad, tú no eres adaptable a los climas extremos, un poco de viento y nublado corres a decirme que te ponga un suéter, un poco de calor y te pones de mal humor y fastidiada. Pero algo de esta ciudad te hubiera gustado, ellos colocan el árbol de Navidad mas grande, miles de luces Dunia, de múltiples colores, estrellitas y esferas que brillan como anuncios de neon, la ciudad cubierta de enormes guirnaldas y lazos dorados, la gente viste abrigos gruesos, guates y sombreros, y al respirar un vaho como la tetera del agua les sale por la boca. Mientras caminaba para disfrutar de los hermosos edificios, me tope con uno de tú raza, era un cachorrito aun, lo vi en la distancia, caminaba sin tocar el suelo con las cuatro patas a la vez, saltaba y jalaba la correa con la premura de los cachorros, había en él una actitud innata de la juventud y la adolescencia, jalaba sin rumbo. Dude un poco en acercarme, siempre lo dudo pensando en que encontraras rastros de otro olor en mi y eso te disgusta, pero recordé que no estabas así que me dirigí a él y me agache a su altura, él me vio de lejos, arrastro a su amo hacia mi dirección y se dejo caer con sus cuatro patas sobre mi pecho. A los de tú raza, les encanta ser admirados, les gusta que se les celebre un corte de pelo y la belleza de su cara, tú, no eres la excepción. Me dio nostalgia no tenerte aquí conmigo, hoy es nochebuena y tú veras llegar la Navidad sin mi. Hay algo mas de los que no te he hablado, en la casa donde estoy se come delicioso, estoy segura que con esas caras que tú sueles poner, hubiera sido muy difícil decirte que no. Anoche prepare un chocolate mexicano. Dunia, tú tienes que probar un día eso, el chocolate mexicano se prepara con leche, canela entera y vainilla, también le puedes poner un poco de almendras y antes de llegar al hervor hay que batir con el molinillo, acá tuve que hacer trampa, mi anfitrión no tenia un molinillo así que utilice la licuadora. La casa se lleno de ese olor dulzón que solo la canela y el chocolate pueden dar. Y como punto final dos enormes bombones flanqueados por un caramelo adornaron las hermosas tazas. Esta mañana me pondré a preparar la cena, horneare un cerdo con hierbas de olor y manzanas verdes cristalizadas en miel de maple, también haré el puré de patatas rosadas que tanto te gusta y un platón de colecitas de brúcelas con jamón serrano. ¿Que te parece? Todos esos olores son una tortura para ti, brindaremos con vino posiblemente mexicano o chileno y rogaremos por un 2005 con más paz y menos guerra. Yo en secreto daré gracias por ti, por tú dulzura incondicional y tú inagotable amor, por la suavidad de tú pelo y el olor de tus patas, por tú mirada de reojo cuando finges ignorarme y por el amor que le tienes a cada uno de tus juguetes. Dentro de unos días estaré de regreso, lo sabrás cuando te peinen tu pelo y te pongan tu abrigo, lo intuirás cuando te abran la puerta del carro y veas que te alejas de la casa cada vez mas, lo sabrás varios kilómetros antes de verme, sabrás que he regresado cuando tú primitivo olfato distinga mi olor entre los miles de olores que convulsionan la ciudad, entonces, empezaras a lloriquear con angustia infantil en la ventanilla del carro, respirando agitada, la nariz pegada a la ventana dejando rastros de tú desesperación. Yo, mas domesticada, como los de mi raza, disimulares las mismas emociones y te daré un abrazo largo y apretado, hundiré mi nariz en tú pelo y solo entonces sabré que estoy de vuelta en casa.

Beatrix

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