La Cocina Caliente

1/21/2004

Dice el chef que cocinar en la cocina caliente no es un arte exacto, por el contrario puedes recurrir a las especies y las salsas para restaurar errores garrafales. No así en el arte sagrado y ancestral de hornear Pan. Elaborar pan, -dice el- es el conocimiento perfecto de causa y efecto. El miércoles pasado enfundada en mi hermoso e imponente uniforme de chef ratifique lo cierto de sus palabras. El tallado de panecillos de mesa debe ser breve y sin fuerza, los ingredientes secos deben ser mezclados primero para después incorporarles, la mantequilla y finalmente los líquidos. Un tallado brusco y vigoroso acabara con panecillos vaporosos y elevados. El efecto será una plasta de masa tiesa y poco atractiva. Algo de lo cual el chef nunca hablo fue no perder de vista jamás a un compañero piadoso que con gusto “asistirá” nuestra receta agregando “por error” sal en dos ocasiones. Después de cinco horas en la cocina, con unos panecillos tiesos y salados el chef nos enseñaba la primera de las reglas no escritas. -Al entrar a mi cocina, todos ustedes deberán traer el uniforme limpio y planchado, no abra excusa alguna para no traer sus herramientas de trabajo y llegar tarde, pero sobre todo el ego me lo dejan afuera, en mi cocina solo el mío entra- cuando salí de la cocina mi uniforme tenia las marcas de la batalla un frescas, con tristeza sacudí los diminutos rizos de cáscara de naranja y talle sin resultado alguno mancha tras mancha, salí también arrastrando los pies, al llegar a mi carro subí mi caja de herramientas y me senté a meditar con las manos en el volante. Repase mentalmente la receta paso por paso, hice un esfuerzo sobre humano para ver mis manos agregando los ingredientes y tallando la masa. Todos los ingredientes secos fueron incorporados a las vez y después, los líquidos! ahí estuvo mi error! líquidos antes de mantequilla! Líquidos antes de mantequilla! repetí y golpe el volante de mi carro con el puño cerrado. Encendí mi carro y regrese a casa, recitando la misma frase como si fuera un mantra…mantequilla antes de líquidos, mantequilla antes d…Al llegar a mi casa, escuche los ladridos de felicidad de Dunia mi pequeña schnauzer, quien al no estar acostumbrada a tenerme que esperar tan tarde corría en circulo sin parar de ladrar, la cargue en mis brazos y se volvió loca olfateando la chaqueta no tan blanca de hermosos botones ribeteados, descubrió trazos de chocolate y naranja que lamió una y otra vez. Después corrió a mi caja de herramientas y olfateo el dulce aroma del pan recién horneado. Abrí mi estuche y de ahí saque el envoltorio, ella me observo hipnotizada, lo coloque sobre la mesa y abrí lentamente el encerado paquete, ella ni pestañeaba, le pregunte si quería probar y se paro en sus patas trasera mientras se sostenía con las delanteras en mi pierna, primero le pase el trozo de pan por la nariz para que lo olfateara libremente y reconociera todos los ingredientes, una vez reconocido lo engullo con gusto, en un segundo lo trago y pedía ¡mas! Mi dulce can me restauraba por esta noche el orgullo mallugado en la cocina de alguien más. Esa noche nos fuimos a la cama contentas ella por tenerme por fin en casa, y yo por tenerla para recordarme que no todo lo que cocino es terrible. La próxima semana la guerrera azteca se medirá contra las tartas europeas…hasta entonces.

Beatriz

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